1. Ana (9)


    Fecha: 06/01/2018, Categorías: No Consentido Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos

    ... doy la plata en otro lugar. Ana no mentía. Micaela la esperaba para desayunar, pero de todas formas no era mala idea ganar tiempo y pensar qué hacer. Si se comunicaba con su sobrino, quizá él la ayudaría a sacarse a ese tipo de encima, igual a como había hecho con otros extorsionadores. — Me importa un carajo, no voy arriesgarme que me hagas una mala jugada. Vamos ahora, sino ya sabés lo que va a pasar. Ana accedió. Alberto la tomó de la mano y fueron en dirección al edificio. Ana no ocultaba su gesto sombrío y perturbado, con la esperanza de cruzarse con alguien que note que algo raro sucedía y la ayude a librarse de ese tipo. Pero en las pocas cuadras que separaban la panadería del edificio sólo se cruzó a un par de personas que no prestaron mucha atención en ellos. Para colmo, en la portería del edificio no había nadie. Subieron al ascensor. — Que linda estás. —le dijo Alberto. Y esta vez le manoseó el culo. — Soltame. —dijo Ana.— No quiero hacer nada con vos te dije. —agregó colocándose, apretujada, en una esquina del ascensor.— Y es mejor que mi amiga no sospeche que nada raro esté pasando, porque vas a tener problemas. Le voy a decir que sos un amigo mío, y que viniste a buscar algo que te olvidaste la última vez que me visitaste. Entonces te voy a dar la plata y listo. No quiero que Micaela pase por un momento desagradable. Alberto la tomó de pelo con violencia. — Acá las reglas las pongo yo, putita. Ana abrió la puerta del departamento demorando todo el tiempo que ...
    ... podía. Con suerte se encontraría en el pasillo con su vecino. Si ella se lo pedía le sacaría de encima a Alberto. Pero sería una situación en extremo irónica, ya que ese vecino abusó de ella muchas veces, y si de repente se convertía en su salvador, seguramente se sentiría con derecho a tener algo a cambio, y era obvio qué era aquello que consideraría una justa recompensa. Así y todo, Ana deseó con todas sus fuerzas que en ese momento salga su vecino para poder pedirle ayuda a gritos. Pero eso no sucedió. Entraron al departamento y la puerta se cerró a su espalda. Ya no había salvación. Ana esperaba que Alberto se vaya apenas le entregue el dinero, pero lo dudaba. — Mica, te presento a un amigo. —dijo Ana, de la manera más disimulada posible, aunque no pudo evitar un leve temblor en su voz. — ¡Hola! —saludó Micaela, y le dio un beso en la mejilla a Alberto.— ¿Todo bien Ana? Estás un poco pálida. —dijo después, dirigiéndose a su amiga. — Si, todo bien, no pasa nada. —contestó Ana, inventando una sonrisa. — Veo que Ana se consiguió una amiga tan linda como ella. —dijo Alberto, mirando arriba abajo a Micaela, que a pesar de estar en ojotas y ropa vieja, sus sensuales piernas estaban al descubierto, lo que era más que suficiente para excitar a cualquier hombre. — Gracias. —dijo Micaela, con cierta incomodidad. — Alberto vino a buscar algo y ya se va. —intervino Ana.— Esperame un cacho que voy hasta el cuarto y vengo. ¿Vamos Alberto? — ¿Pero cuál es el apuro? Andá tranquila que yo me ...
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