1. El excéntrico millonario y la belleza perdida


    Fecha: 21/03/2018, Categorías: Dominación Hetero Autor: Madame R., Fuente: CuentoRelatos

    ... los ojos salvajes de él, que la recibieron transmitiéndole lo superior que se sentía a ella. En ese momento, la verdad es que aunque hubiera no querido seguirle el juego era lo mismo en su caso, le parecía ser una pequeña presa a merced de un cazador. ―E-entonces, ¿c-cómo pretende que le pague? Leonardo soltó algo similar a un bufido y ella estuvo a punto de ponerse a rezar a cualquier deidad. ―No sé, la verdad no tienes nada que yo quiera… ¿o sí? ―susurró en su oído. Leonardo se había colocado detrás de ella, aprisionando su cuerpo contra la mesita en la que se encontraba el teléfono. Lilia había adelantado su cuerpo hasta tocar la madera y casi podía percibir el roce del pecho de él contra su espalda, aunque aún una leve distancia los dividía. Sus piernas temblaban un poco más que sus manos, y la respiración cálida que rozaba su cuello le ponía toda la piel de gallina. ―¿Tienes frío? ―preguntó él contra su oído. Sus labios tocaron la piel de su oreja, y con sus dientes mordió con suavidad el lóbulo. Eso fue suficiente para que su boca reaccionara más pronto que su mente. ―No… ―dijo en un sonido agudo, sintiéndose indefensa. Lo único que no tenía en ese momento era frío. ―Pensé que tendrías, porque tu vestido empieza a verse apretado. Lilia no supo de qué hablaba él hasta que notó sus pechos, los cuales estaban apretados entre sus brazos y una terrible vergüenza la cubrió cuando notó sus pezones empezar a transparentarse incluso entre la oscura tela de su traje. No había ...
    ... echado de ver lo duros que se encontraban, pero no tuvo duda cuando él terminó por juntar sus cuerpos y ella gimió por el contacto contra la tela del sostén que le resultó casi doloroso. Un suave quejido nació de sus labios, y eso fue todo lo que Leonardo necesitó para rodearla con su brazo izquierdo a la altura de su cadera mientras con la otra acariciaba su estómago plano y rozaba la parte baja de sus senos. Lilia llevó sus manos a la de él para detenerlo, pero la debilidad en sus extremidades y los pequeños soniditos que empezaban a nacer de sus labios no le permitían defenderse de verdad. ―No… ―gimió quedó al sentir la erección de Leonardo incluso entre las ropas. ―¿No qué? ―cuestionó él con burla. Él movió su mano derecha para dirigirla a su pecho del mismo lado y empezar a acariciarlo. Ella soltó un quejido de sorpresa y él gruñó cerca de su mejilla. Los dedos largos del hombre empezaron tocar con delicadeza, pero pronto apretaron con fuerza hasta que sus dedos se hundieron en la abultada piel, en medio de la cual el pezón sobresalía duro como un dulce para morder. ―Dios ―suspiró él mientras masajeaba la zona sin pudor―, qué grandes. Mmm, siento que me voy a correr de solo imaginarlas desnudas. ―No… n-no ―se quejó ella en sonidos lastimeros. Llevó sus manos a cada una de las de él tratando de detenerlo, pero no podía aplicar casi nada de fuerza con su mente enviando punzadas de placer a cada centímetro de su cuerpo. Leonardo gruñó al ver su patética oposición y finalmente ...
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