1. Ana, una ninfómana casada e insaciable


    Fecha: 22/03/2018, Categorías: Intercambios Autor: Alber, Fuente: CuentoRelatos

    ... a gente de la oficina. Yo estaba mudo, muy avergonzado por haber sido descubierto. Ella se dio cuenta y sin perturbarse me dijo: -No te preocupes. Yo te entiendo, pues algunas personas somos muy calientes –hizo un énfasis muy peculiar en ese "somos"-. Yo puedo perfectamente no revelar esta información si tú haces algo por mí... Al decir esto, una sonrisa extraña y sensual se dibujó en sus labios. Perplejo, le contesté: -Está bien... Dime en qué puedo servirte... Ella volvió a sonreír y luego de un par de segundos terminó la conversación diciendo: -Ven el sábado en la noche a mi casa y te cuento de qué se trata. Parecía obvio que se trataba de una insinuación de carácter sexual, pero al salir de su oficina yo no podía dar crédito a lo que había escuchado minutos antes. Una mujer casada y con hijos que, además, me proponía que lo hiciéramos en su casa... Aquello no podía ser. Podíamos haber escogido otro lugar menos comprometido. Durante los dos días siguientes estuve dándole vueltas a la cabeza sobre ese asunto y a veces el pene se me puso como una roca de sólo pensar en el banquete que seguramente iba a darme con aquella mujer. Llegó el sábado en la tarde. Comencé a arreglarme para llegar a su casa –ella me había mandado la dirección por e-mail-. Me bañé escrupulosamente, me puse mis mejores galas, me eché bastante agua de colonia y guardé varios condones en la cartera, para estar a tono cuando llegara "el momento". Cuando llegué al edificio donde Ana vivía y me bajé de mi ...
    ... carro, mi corazón latía con expectación. Toqué el intercomunicador y reconocí su voz al otro lado. Me dijo que pasara y tomara el ascensor. Así lo hice y arribé al piso 5. Pulsé el timbre de su apartamento y un minuto después me llevé una sorpresa que constituyó, en ese momento, un baño de agua fría: la puerta la abrió Luis, su marido. En ese momento toda mi fantasía de que me iba a tirar a Ana esa noche se fue al piso. Me dije a mí mismo: "Estúpido, te equivocaste! Seguro que el favor que les vas a hacer es darles algún consejo financiero o ayudarlos en quién sabe qué cosa". Luis me saludó con mucha amabilidad –lo había conocido en una fiesta de la compañía- y me invitó a pasar. Mi cara de "ponchado" era obvia y probablemente él se había dado cuenta. El me dijo que Ana no tardaría en salir y que mientras tanto me sentara en la sala, que el prepararía unas bebidas. No pasó mucho tiempo cuando Ana salió del área de las habitaciones. Cuando la vi mi sensación de "¿qué pasa aquí?" resurgió, pues ella iba vestida con una bata blanca algo corta e iba descalza. Sus piernas estaban muy descubiertas y parecía que a ella no le importaba. El cabello lo llevaba suelto. La verdad es que estaba preciosa! Una erección comenzó a abultar mi entrepierna, cosa que me hizo poner aún más nervioso. Luis trajo las bebidas y se sentó junto a Ana, en un sofá que estaba frente a la butaca que yo había elegido. Imperturbable, ella rompió el silencio: -Bueno Alberto, te preguntarás por qué te he pedido ...
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