1. Manuela (10)


    Fecha: 01/06/2018, Categorías: Hetero Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... chuparme el rabo (la de lloros y discusiones que tuvimos años atrás por su negativa) como si de una profesional se tratara utilizando lengua, labios, dientes con verdadera maestría ("comer polla es de lo que más me gusta") y acariciando mis huevos y muslos con la tetas ("luego me tienes que mamar los pezones un poquito, eh"). La sorpresa mayor ha sido ver que su vello púbico es también de color blanco grisáceo ("hace tres años tuve un accidente de avioneta, pasé tanto miedo que todo el pelo de mi cuerpo se volvió blanco; ¿te da morbo?") y lo lleva afeitado excepto un pequeño y denso vellón con forma de triángulo ("me lo comerás, ¿verdad?"). La mamada es tan buena que temo correrme rápidamente, por lo que tiro de su cabellera hasta conseguir que deje de chupar, le doy la vuelta y tras doblar su cintura penetro un coñito empapado (años atrás tuve que darme vaselina en más de una ocasión) que me recibe con mucho calor y gemidos de excitación ("uuaaayy; métela sin parar, dame lo que me gusta; ¡qué rico!") que van creciendo según empiezo a bombear más rápido y fuerte. Se corre casi en silencio y durante muchos segundos siento las contracciones de su vagina. Nada más sacarla se gira, besa mi boca y de nuevo se arrodilla para mamármela. "Voy a durar poco si sigues comiéndomela así de bien" "¿Te gusta?; Cosme se vuelve loco con mis mamadas, es de las pocas cosas que podemos hacer" La saco de la boca y sin necesidad de decir nada se arrodilla en el borde de la cama ofreciéndome su ...
    ... glorioso, fuerte, duro y redondeado trasero: "si me enculas bien te enseñaré un truquillo que he aprendido ultimamente". No me cuesta demasiado trabajo meter el capullo y cuando le tengo dentro más de la mitad empiezo a sentir que me la empuja hacia afuera y luego la absorbe hacia adentro. El jueguecito es muy excitante, sin necesidad de moverme y sin esfuerzo alguno le estoy follando (debería decir que ella me está follando) el culo. Me corro dando un sonoro grito y caigo a plomo sobre Rosa ("¡qué gusto; qué bueno!"), quedándonos en la cama quietos, recuperando la respiración. "Jamás lo hubiera creído; cuánto me alegro, sobre todo porque la verdad es que me has dado más gusto que en los seis años que estuvimos casados" "Y lo que te queda. Estos días que vamos a estar juntos te voy a resarcir de lo que no te dí. Sigues estando muy bueno, so cabronazo". Está acariciando mi cipote con mano experta y yo le mordisqueo los pezones, lo que arranca gritos de deseo en esta sorprendente mujer ("salvaje, bruto; qué gustito me das"). Me muero de ganas por comerle el coño, lo que me pongo a hacer con verdadero éxito ("sí, sí, dame lengua; no pares, chupa") hasta que Rosa empieza a golpear mi cara con su pelvis, a restregarse a derecha e izquierda, arriba y abajo ("sigue, dame lengua; quiero correrme"). Estoy completamente empapado de densos jugos vaginales y salivales, utilizo toda mi cara intentando comerle el sexo y agarro el culo con dedos como garfios para detener el movimiento convulso ...
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