1. Marcela y Carolina


    Fecha: 22/06/2018, Categorías: Confesiones Autor: claudiob, Fuente: CuentoRelatos

    ... mi cabeza para que no cesase en la succión. Luego la di vuelta y baje besando su cuello y su espalda hasta que llegué a su ano; al llegar a él, el profundo beso negro que le prodigué la hizo tener un orgasmo, que la hizo hundir sus uñas en la colcha de la cama al tiempo que exhalo un grito de “¡Así!, ¡más, más!, ¡seguí!”. Este acto sirvió para que mi pija nuevamente se ponga dura y sin mediar palabras se la enterré y comencé un mete y saca que la hizo continuar gritando y bufando. Cuando estaba por venirme se la saqué y dándola vuelta le dije “Vos también tenías ganas”, a lo que riéndose me dijo “Claro que tenía ganas, allá fife con unos negros que tenían unas pijas que hacían que la tuya pareciese la de un nene de tres años, pero la tuya me gusta más porque me satisface más” y riéndose se sentó sobre mí, haciendo que su concha fuese ensartada por mi verga, entrándole esta hasta los huevos, y como la experta jineta que era comenzó a cabalgarme. A los pocos instantes de estar así ensartada comenzó a gritar “Más, más, dame más verga, dámela toda”. Quise aguantar pero no pude y me derrame dentro de ella. Mi orgasmo coincidió con un grito fuerte y profundo que emanó de su garganta antes de caer sobre mí. Así nos entredormimos para luego de salir del sopor en que quedamos levantarnos e irnos a lavar. A la mañana siguiente me desperté y la tenía a mi lado aferrada a mi verga como si quisiese demostrar que era suya. Mi pija estaba dura, su mano apenas podía abarcar su grosor y yo ...
    ... empecé a mover mis caderas, a fin de hacerme una paja. Ella se despertó y dándose cuenta de lo que pasaba me dijo “¡No querido!, vos solo ¡No!, métemela y disfrutemos juntos”, pero yo le dije “¡No!, ya que te despertaste vamos a la ducha”, fuimos a ella y, mientras caía sobre nuestros cuerpos el agua tibia, recorrí su cuerpo, llenándola de besos, desde el pelo hasta el ombligo, y mis manos, juguetonas, recorrían, la derecha su espalda y al llegar a su culo se ensartaba en él, mi dedo mayor y la izquierda jugaba con los labios de su vagina y le apretaba suavemente su clítoris. Cuando comenzó a gemir la recosté contra una de las paredes y le introduje la verga lenta, muy lentamente. Ella subió sus piernas y cruzándolas sobre mis caderas comenzó un sube y baja espectacular, pues la sentía totalmente entregada. Mis manos la sostenían de los glúteos, pero viendo que no eran necesarias, pues con su espalda apoyada y mi cuerpo apretándola, un dedo de cada mano se perdió en su culo, haciendo que aumentasen sus gritos. Sus tetas no se salvaron pues mi boca las satisfizo mordiéndole los pezones. No sé si fue por la posición, por el deseo, o por saber que Carolina estaba escuchando los gritos que profería su madre, lo cierto es que con un profundo grito me vertí en su interior. Luego nos bañamos y bajamos a desayunar. Cuando estaba llegando a mi trabajo sonó mi celular, era Carolina, para decirme “Viste que caliente llegó mi vieja, te cogió anoche y esta mañana. Menos mal que no te saque ...
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