1. La primera vez con un militar


    Fecha: 29/09/2017, Categorías: Gays Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... Dos días después, estaba en mi habitación, ya acostado, disfrutando de una película de amor rosa en la televisión, cuando entró Sebastián a pedirme un poco de pasta dental. Se la di, pero se quedó parado viendo la pantalla. ¿Te gustan esas cosas? Preguntó, en referencia a la escena de amor que estaban pasando. Sí. Le dije. Está bien. Se sentó en la orilla de la cama. No traía camisa y el botón del pantalón estaba desabrochado, dejando asomar como por descuido una parte del slip blanco que traía, mostrando una delgada línea de vello que subía hasta su ombligo. Yo empecé a sentir los golpecitos del corazón en el pecho. Podía ver su pecho, sus hombros, sus bíceps resaltados, sus brazos mostrando una venosidad que delataba su pasión por el ejercicio. Me moví un poco, tratando de conseguir contacto con su cuerpo. Cuando lo conseguí el suave calor que exhalaba me enervó. El dijo algo acerca de la película, pero a esas alturas la televisión había desaparecido para mí. Su pantalón rozaba ya con mi pierna cubierta por la sábana. Ël también se movió, y puso su mano sobre mi muslo. Una corriente eléctrica estremeció todo mi cuerpo. ¿Qué tienes? Preguntó. Estás muy tenso. Sí… admití, con la voz ronca por la emoción. Si quieres te doy un masaje para que te relajes, agregó. Yo asentí, y entonces él me pidió que me acostara boca abajo. Ël se paró a un costado de la cama y empezó a masajear mis hombros con movimientos circulares. Pronto, sin embargo, se subió a la cama y se sentó a ...
    ... horcajadas sobre mí, asegurando que así sentiría mejor. Desde luego. Mis manos intentaban tomar contacto con sus muslos, con sus ingles, y él, como adivinando, se movió para dejar su paquete directamente en mis manos. Por la presión que ejercía podía sentir claramente la redondez de sus testículos y el cilindro duro de su mástil erecto. Se movió hacia arriba y hacia abajo frotándome su miembro en la mano que había tomado contacto. Aunque a regañadientes, tuve que decirle que se fuera, porque mi tío estaba por llegar. Su guardia sería al día siguiente por la noche, le dije. Noté su gesto de contrariedad al levantarse. Se acomodó el pantalón y se fue. Diez minutos después llegaba mi tío. Al día siguiente apenas podía concentrarme en las cosas que hacía. Se me caían las cosas de la mano, el vaso de jugo se derramó en la mesa y rompí un cenicero. Para matar el tiempo y la ansiedad me puse a leer una novela y me devoré el libro en sólo un día. Sebastián hizo algo de ejercicio, se vistió y se fue mucho antes de que mi tío se preparara para cumplir su guardia nocturna en el cuartel. Yo lo había notado esquivo conmigo toda la mañana, y eso aumentaba mi nerviosismo. Esa noche me di un buen baño, me puse un poco de perfume y me acosté temprano. Alrededor de las 10 llegó Sebastián y se encerró en su recámara. Pensé que estaba disgustado conmigo. Casi media hora después apareció en la puerta de mi cuarto, que yo había dejado abierta. ¿Puedo pasar? Preguntó. Sí. Le dije. Yo estaba acostado viendo ...