1. Mireya y yo


    Fecha: 06/07/2018, Categorías: Confesiones Infidelidad Autor: Zaratustra, Fuente: CuentoRelatos

    Mireya y yo organizamos un viaje de una semana al extremo sur del país. La idea era recorrer el Cañón del Sumidero, San Cristóbal de las Casas, las lagunas de Montebello, las Cascadas de Agua Azul y Palenque para después iniciar nuestro regreso por el golfo. Llevábamos seis meses de novios y nuestro sexo estaba en su apogeo. Copiamos como conejos y por mucho era la novia que mejor me había cogido en toda mi vida. Culeaba bailándome el culo como si de una música de salsa se tratara, martilladme el miembro hasta hacerlo vomitar materia lechosa espesa y voladora que normalmente iba a alojarse en sus hermosas tetas de pezones rosados que se inflamaban como cohetones en su camino rumbo al cielo. A Mireya la vi por primera vez en mi vida en el baño trasero durante una fiesta mientras se daba placer con un compañero de su colegio novio de su mejor amiga. Allí, escondidos del resto y ya tomados, decidieron darse placer prohibido mientras la novia bailaba con las amigas en la sala de la casa principal. Obvio que al verla tan radiante y en plena acción sexual ejerciendo el derecho de su concha a ser penetrado y gozado a tan precoz edad, pues me dejó perplejo y prácticamente shockeado. Me mate a cientos de pajas durante las semanas posteriores a dicha visión. Un día no pude más y me acerqué a ella. Sus hermosos ojos verdes aderezados por aquellas largas pestañas rizadas hacían difícil mantenerle la mirada sin ruborizarse uno. Nunca había estado tan cerca de sus atractivos y medianos ...
    ... senos que asomaban su primera mitad por sobre su generoso escote y sus blancas piernas forzaban una erección simplemente natural y automática en mi. Me convertí en su amigo y ella en mi amiga y así lo fuimos durante varios meses. Nuestra amistad se hizo tan profunda que en diversas ocasiones me permitía masturbarme frente a ella mientras ella gozaba con alguien más. Sabía que me gustaba pero yo no le gustaba a ella, y aunque siempre me decía que tenía un falo de colección, la verdad es que nunca hizo nada por jalármela o chupármela, como hacía con sus numerosos y selectos amantes de ocasión. Un día me pidió que la llevará con un amigo al otro lado de la ciudad. Pasé por ella y me presentó a sus padres, hermana y hermano. Se veían una familia muy unida y estable, ella la hija mayor y más hermosa. Esa tarde Mireya se veía radiante, hermosa, sencillamente espectacular. Su hermoso cuerpo de joven haciéndose mujer contrastaba perturbadoramente con su rostro de niña y su forma atrevida de vestir. En aquella ocasión Mireya llevaba una falda de mezclilla a medio muslo y una muy ligera playerita de tirantes que dejaban admirar sus hermosos senos coronados por esas dos espinas que eran sus pezones y que marcaban la playera como queriendo perforarla. Me disculpe lo más rápido que pude y me metí al baño a jalármela endemoniadamente. Mis genes salieron disparados en menos de dos minutos. Guau! Qué bien se ve hoy! -Qué les vaya bien en el cine y no regresen muy noche, nos dijeron sus padres ...
«1234...»