1. A mi nena le gusta la conchita


    Fecha: 27/08/2018, Categorías: Lesbianas Autor: ámbar coneja, Fuente: CuentoRelatos

    ... sus bocas se reunían con sus respectivos sexos para compartirse una inacabable sensación de placer. La bombacha de Mónica cayó espesa de tantos flujos al suelo, y su lengua se internaba más y más adentro de la vagina de mi pequeña. Esa lengüita la estaba cogiendo como la pija que siempre soñé que alguna vez le arrancara un orgasmo tras otro en su luna de miel. La boquita de Soledad también lamía. Besaba. Chupaba y jugueteaba en la conchita sedienta de mi vecina, y se desesperaba por llenarse de su aroma. ¡no sabés cómo chupa la concha tu nena Sandri… seguí pendeja, comeme toda, meteme los deditos, dale, que me volvés loca!, susurraba entre jadeos y espasmos de lujuria, al tiempo que Sole le estrujaba las nalgas sin abandonar el fragor de sus suspiros y su boca laboriosa. ¡vos también me calentás mucho, mordeme la chuchi, dale perra, sacame todo el juguito!, decía mi hija envuelta en un río de sudor que ardía en las sábanas. Cuando Mónica se levantó y abrió el cajón de la mesa de luz de Soledad, no sé por qué una sensación de estremecimiento se apoderó de mis sentidos. Sacó de adentro una hermosa bombachita blanca con un pito erguido, de no más de 15 o 16 centímetros. Se la puso sin perder tiempo, le dio sus tetas a mi hija para que se las succione como una bebé acalorada, desnudita y solloza, la besó en la boca y, lentamente fue acomodándose encima de su cuerpo para primero frotar la puntita de ese chiche en el clítoris incandescente de Soledad, que retorcía los deditos de ...
    ... los pies como no creyendo en lo que estaba viviendo. Hubo unos movimientos sutiles, después unos besos intensos, y luego un quejidos de Soledad acompañado de un quiebre de cintura de Mónica, al que le siguieron varios. Supe que ese pito de mentirita, pero flexible y penetrante comenzaba a entrar y salir de la vulva de Soledad. El impacto de las tetas de Mónica contra las suyas podían iluminar todo el cuarto con los chispazos que desprendían tales frotadas, y mi nena gemía feliz, cada vez más entregada a su amante. Supuse que el entrechoque de sus pubis le ofrendaba a Mónica una excitación inmanejable, ya que Soledad le mordía los pezones, le rasguñaba la espalda dejándole serias cicatrices, ya que tenía las uñas largas, le apretaba las piernas con las suyas como respuesta a los ensartes de su pija de plástico y la lamía enceguecida, casi sin reparar dónde. Pero mi nena tampoco controlaba sus gritos, ni las groserías que pronunciaba su aliento fresco, como de hierba empapada por el rocío. ¡cogeme guacha, haceme tuya, sentime y comeme las tetas, abrime toda con esa poronga rica, tocame toda y no pares putita! De repente tuve ganas de meterme una mano por debajo de la falda y masturbarme con la misma despreocupación que ellas me inspiraban. Pero la moral, mis temores y prejuicios, mi rol de madre aterrada por el panorama que, ahora ya no me parecía tan terrible, no me lo permitieron. Justo en ese ir y venir de pensamientos sucios en mis venas, Mónica se levantó luego de que ambas ...