1. A mi nena le gusta la conchita


    Fecha: 27/08/2018, Categorías: Lesbianas Autor: ámbar coneja, Fuente: CuentoRelatos

    ... quedaron unos minutos pegoteadas como babosas, a punto de caerse de la cama. Las dos tiritaban, gemían bajando las revoluciones, pero se besaban con una obsesión que, podría incendiar toda la casa con solo acercarles un pedazo de papel. Mónica, sin sacarse la bombacha le hizo lamer el juguetito a mi nena, y recién entonces me miró con cierta desconfianza. ¡y bueno Sandri, a tu nena le gusta la conchita como el helado de chocolate!, dijo la descarada, con una sonrisa de circunstancia y la lengua de Sol limpiando el pene de fantasía, saboreándose como si fuese un manjar exótico. Soledad no podía dirigirme la mirada. Solo lo hizo ni bien Mónica se vistió, recordando que esperaba a no sé quién en su casa y se le había hecho tardísimo. Allí contemplé a mi hija desnuda, con huellas y marcas de besos en la piel, con olor a sexo, con destellos de saliva y los ojitos luminosos como nunca. ¡no me vas a retar por esto ma?, yo quería hablar con vos de Moni, pero no me animé! No podía retarla. Ni pensé en castigos o reprimendas. Solo pude articular en medio de un bostezo descomprimidor: ¡ponete una bombacha, algo encima y vamos a comer una pizza, querés? Ya llega tu padre… y si te gustan las chicas, eso no cambia nada mi vida, no te aflijas! Ella sonrió, guardó el juguetito en una bolsa para entonces devolverlo al cajón, y salió de la cama dispuesta a vestirse con lo primero que encontrara luego de una ducha. Cuando estuvimos en el living recordé que el auto ...
    ... estaba esperando en la puerta, y preferí que le demos la sorpresa con mi marido. Esa noche hubo felicidad, algarabía, abrazos de sincera emoción y agradecimiento, alguna charla para advertirle de los cuidados de la gente en la calle, pizzas, algunas cervezas y muchos brindis. Mi marido la trataba como a una princesa, y mi hija sabía cómo enorgullecernos cada vez que nos hablaba. Pero yo sabía su secreto, y esa noche no pude con las ataduras de mi mente. Apenas estuve en ropa interior en la cama con mi marido se lo comenté todo, con detalles y por menores. Me gustó que se lo tomara con naturalidad. Yo permanecía caliente por todo lo que había visto, y esa noche, en cuanto le toqué la pija comenzamos a fantasear con ella y con la vecinita. Hacía mucho tiempo que no cogíamos así de rico, con una pasión que se nos desbordaban hasta los gemidos. Yo pensaba en la boca de Soledad comiéndole la conchita a esa perra, y él en el culo de Mónica siendo azotado por las manos de nuestra nena. Esa madrugada me dio tanta leche, y se le había parado tanto que hubo lugar para dos polvos más. El guacho acababa cada vez que le decía que Sole tiene una conchita perfecta, que gime como una diosa del sexo y que le excita mucho que le pellizquen la cola. Mi marido nunca habló con Soledad de nuestro secreto, en especial porque yo se lo pedí. Saber que a mi nena le gusta la conchita nos encendió todos los morbos que jamás imaginarnos que existían. ¡¿Cómo podría prohibírselo?! Fin 
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