1. Fiebre sexual


    Fecha: 12/09/2018, Categorías: Confesiones Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... Tenía que ser así. En mi juventud gané varios concursos de belleza; y ahora a esta edad, estaba más buenota que nunca, no me engañaba yo misma, no soy modesta. Sé que mi belleza ha cuajado con el tiempo, que mis curvas han adquirido la proporción correcta, que soy una hembra tan apetecible como una estrella de cine… aún cuando sólo llegó a ama de casa. Después de mi segundo parto, mi necesidad de macho es más continua, mis caderas ensancharon, mis senos no han parado de manar leche y mis nalgas se redondearon y son más carnosas… Sé que mis amigas me envidian y los hombres me comen con la mirada, pero, ¿qué puedo hacer?, En un gesto espontáneo, hice saltar uno de mis senos por el escote; el pezón gordo y apelotonado apareció sobre la montaña de crema. De un color marrón tostado, con la punta larga y caliente, la aureola la vi más extendida que de costumbre; estaba cachonda... Sé que mis pezones y mi culo han sido las delicias de mi marido en estos años; no pude resistir la tentación y me jalé el pezón al máximo hasta que lo sentí erecto e hinchado; unas gotitas de leche manaron de él y las recogí con la punta de los dedos. Me toqué el otro por encima del vestido y lo noté igual, erecto y vibrante. Cuando me di la vuelta para mirar mi trasero, recordé que mi esposo, años atrás; se encontraba en celo, no celoso, en celo por la nueva secretaria que le habían contratado, esa es la verdad. Era una pelirroja muy puta, pues vestía tan descarada como yo me encontraba en ese momento. ...
    ... Cuando lo cuestioné; aceptó que le alborotaba las hormonas pero nunca se la cogería, según él. En esa ocasión estábamos desayunando, y cuando me di la vuelta y como traía unos vaqueros desteñidos muy ajustados, recuerdo que le dije: Sonreí y… bueno, debía de ayudarlo... era mi deber ayudarlo a que subiera en la escala de los cargos importantes de la compañía. Guardé mi seno en el escote, lo deslicé cuidadosamente en la copa del bra y arreglé el desperfecto… El señor Pérez, jefe de proyectos mi marido no era mal parecido, ya lo conocía y me era simpático. Sin embargo, desde el principio me sentí cohibida por sus miradas. Descaradamente seguía la línea de mis curvas con su mirada; mi marido parecía no notar lo que sucedía. Lo que es más, ignoraba lo que sucedía. Esto me extrañó sobremanera, porque mi esposo no es hombre de ignorar las miradas de los hombres hacia mi cuerpo. Sin embargo, aquellas miradas, la ignorancia de Daniel y las copas de vino me estaban causando, muy a mi pesar, una coquetería que no pasaba desapercibida. Estaba sentada al lado de ese señor, y mi esposo a cada momento pretextaba un viajecito a la cocina, al baño o al dormitorio para dejarme sola con él. Y fue así como sucedió. Estábamos brindando, cuando su mano se apoyó en mi muslo. No hice esfuerzos por retirarla, sería un escándalo, pensé en que mi esposo era capaz de matarlo por aquella frescura. El señor Pérez tranquilamente apartó la falda larga que tenía una abertura hasta mi entrepierna; su mano se ...
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