1. Anita a merced de varios desconocidos (3)


    Fecha: 30/09/2018, Categorías: Anal, Sexo con Maduras, Sexo Duro, Autor: Anitaslut44, Fuente: xHamster

    Anita a merced de varios desconocidos (3)Seguía en la misma posición, mis muñecas doloridas por las ataduras, pero peor todavía mi castigado culo, que había sido desfondado y tan maltratado por ese bruto que me había levantado en el boliche, el mismo a quien sus amigos llamaban el Burro, por razones obvias.De repente oí que la puerta se abría y por lo menos pude distinguir las voces de otros tres hombres en la habitación. Comencé a temblar, ya que seguramente iban a continuar cogiéndome durante el resto de la noche.Otra voz conocida los saludó: “Miren el manjar que les dejé”, dijo el Burro.Los tres se rieron a carcajadas, uno de ellos subió a la cama entre mis piernas y metió un par de dedos en mi todavía dilatado ano. “Está hermoso este culito, bien abierto y lleno de leche, como me gusta… realmente lo voy a disfrutar”.No tuve tiempo ni para tomar aire, cuando sentí una dura verga que se hundía nuevamente en mi castigado culo, abriéndolo muy fácilmente y casi sin provocarme m*****ia, tan dilatado ya estaba mi pobre ano por el Burro.Otro se acercó a mi cara por delante, me tomó por los cabellos y pude sentir una pija dura restregándose contra mis labios. Hasta ahora me habían cogido solamente, pero entonces me di cuenta de que mi boca no se salvaría. Nunca me gustó chupar pijas, ni siquiera siento placer cuando se lo hago a mi esposo Víctor, pero sé que eso le provoca mucho placer, ya que, aparentemente, soy muy buena practicando sexo oral…“A ver, putita, cómo se abre esa ... boquita para comerse toda mi pija bien dura…” dijo, mientras tironeaba mi cabello, obligándome a abrir los labios con su verga.Resumiendo, tenía ahora una gran pija enterrada en mi culo, con un bruto que me taladraba con violencia y sin piedad, mientras otro me ahogaba metiéndome su cosa hasta el fondo de la garganta. No podía respirar, el muy bruto la metía entera en mi boca, sin importarle mis gemidos de dolor ni mi ahogo. Por suerte duró poco tiempo, ya que casi enseguida aulló como un desaforado y me llenó la boca con leche. Cuando quise escupir a un costado, el muy turro me abofeteó la cara diciéndome que debía tragarme hasta la última gota, sin desperdiciar nada de nada.El otro me bombeó por la cola un rato más, hasta que repentinamente gritó también como su amigo y sentí su leche caliente llenándome mi interior. Descansó unos segundos sobre mi espalda, me dijo al oído que era el mejor culo que había roto en su vida y luego se salió muy despacio, ofreciéndole su lugar al último socio.El tercero dijo que quería enterrarme su verga y acariciar mis piernas al mismo tiempo, así que me desató suavemente y me hizo girar boca arriba. Intenté quitarme la venda de los ojos, pero unas manos me abofetearon y entonces volvieron a atarme por mis muñecas a la espalda. Otra vez estaba totalmente indefensa, desnuda y expuesta a estos desagradables pendejos.Mi último atacante recorrió mis piernas lamiéndolas y besándolas de una manera bastante fetichista y luego colocó mis tobillos sobre ...
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