1. Delirio Sagrado: La llamada.


    Fecha: 17/10/2018, Categorías: Fantasías Eróticas Autor: xverzo, Fuente: RelatosEróticos

    ... sintió vacío. En esos meses agarró el hábito de quedarse largo tiempo en la bañera, con velas aromáticas y sustancias con fragancias deliciosas. Como penitencia para limpiarse el cuerpo. Y peligrosamente se dormía en aquellas largas tardes en las que el vacío se llenaba con un poquito de recuerdo y la sazonaban de paz. Faltando una semana para iniciar su 3er año, Amanda recibió una llamada. Cuando sonó el teléfono estaba entre dormida en la bañera y aunque no se apresuró de estrépito, sí fue con cierta prisa, desnuda, con pétalos de rosa pegados al cuerpo. Era Lukas Howedes padre. Se escuchaba preocupado y algo incómodo por llamar. Decía que había hablado con la directora porque su hijo no quería seguir estudiando y que la directora le había dicho que se comunicara con Amanda Palermo, que era psicóloga y tal vez pudiera ayudarlo a recapacitar, entonces que para eso la llamaba, qué vergüenza molestarla. Ella había escuchado atenta mientras se quitaba cada pétalo y lo examinaba con una curiosidad boba y cuando ya no tuvo ninguno encima, contestó: Pues deberíamos reunirnos antes de empezar clases. Lamento mucho lo del muchacho, debe ser la edad o el encierro. ¿Usted no sale? Y Lukas Howedes padre repuso con algo más de vergüenza: “Yo sí. De hecho debo viajar esta semana a Alemania por un asunto de negocios y familia. Pero Lukitas no. Es que 2do año sacó bajas notas y no lo dejé hacer mucho… ¿entiende? Y Amanda que se sorprendía de lo cómoda que se sentía desnuda y del ...
    ... reflejo de la luz en su cuerpo mojado, respondió: “Sí. Bueno, veamos qué se puede hacer.” Y concretaron una cita para el jueves de esa semana. Lukas, que no se enteró del trato que había hecho su padre hasta que Amanda tocó la puerta aquel jueves, permanecía en una batalla colosal en su interior. Por las noches la amaba hasta el delirio y en los días la odiaba hasta el paroxismo. Este vaivén de sentimientos lo tenía agotado mentalmente y compensaba los días de odio con ejercicio, para liberarlo. Y las noches de amor, se acariciaba con astuta precaución, como para retenerlo; había días en que lo lograba y días en que no y se derramaba sobre sí mismo la pasión acumulada. Había comunicado a su padre que no quería estudiar y este le dio tal paliza que lo hizo pensar todos los días “¿de verdad no quiero estudiar?”. Entonces suprimió todo. Sus sentidos, sus aspiraciones, deseos, sueños. Se volvió una máquina, despertaba, desayunaba, se encerraba, se ejercitaba y así sucesivamente. Se sorprendió un jueves que tocaran la puerta con una insistencia rara. Como si él identificara el patrón del sonido de la puerta con alguien en específico y ese toc, toc, toc, toc, toc, no le correspondía a nadie. Salió de su cuarto y al pasar frente a un espejo se devolvió porque vio que no llevaba camisa. Volvió más de prisa temiendo que la persona que tocaba la puerta se fuera. Y cuando la abrió, sintió otra traición. Amanda, que tras cientos de baños purificadores había adquirido un aroma a un jardín de ...
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