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La adivina: El desenlace
Fecha: 27/12/2018, Categorías: Otras Categorías, Autor: kiko, Fuente: CuentoRelatos
... se fue a comprar algo. Si me dices donde vive la Adivina cuando vuelva te doy diez pepitas de oro de las grandes. Diana ya no pensaba como antes. -Y tela para dos vestidos. -Y tela para cuatro vestidos. Diana se tranquilizó. -Al final del pueblo, junto al río. Luis fue en busca de la Adivina. Al final del pueblo, junto al río y en medio de dos sauces llorones, vio una casa blanca. Al llegar a la puerta de la casa, que estaba abierta, un frio glacial hizo que se estremeciera su cuerpo. Reinaba el silencio total. Entró en la casa. La casa tenía un solo hueco, en el que había una cocina de piedra, una mesita de noche y una mesa con dos sillas, en una de las sillas estaba sentada Schesedassechein. Encima de la mesa había una bola de cristal. -Siéntate y dime que quieres saber. Luis se sentó. -Quiero saber que sientes por mí. -Me gustas. -Quiero saber cuándo te voy a follar. -Nunca. Luis se puso chulito. -¡Aún no nació la mujer que se pueda reír de mí sin atenerse a las consecuencias! Luis se levantó de la silla. La Adivina también se levantó. Parecía asustada. -¡No, Luis, no, no lo hagas! Luis la cogió en brazos y la echó sobre la cama. Sacó la polla empalmada. -¡Ahora vas a saber lo que es bueno! La Adivina, que no llevaba bragas, cuando la penetró, le arañaba y le pegaba, pero al rato ya echó las manos al culo de Luis y le ayudaba a penetrarla... Y ocurrió lo que tenía que ocurrir, Sechesedassechein se comenzó a correr. -¡No te corras dentro de mí, Luis! Luis no hizo caso. Se corrió dentro de Sechesdassechein. De la espalda de la joven comenzaron a salir unas inmensas alas. Su cuerpo se fue transformando hasta convertirse en una descomunal mantis religiosa. Luis, con los ojos desorbitados veía como aquel monstruo, del que no se podía librar, le comenzaba a comer la cabeza. FIN