-
Buscando a mi ex
Fecha: 27/05/2024, Categorías: Grandes Relatos, Autor: Mirella, Fuente: TodoRelatos
"Doctor, doctor, ¿no tendrá un turno para mí? ¿Un sobreturno? En cualquier momento. Vengo más tarde si hace falta". "No, señora. Yo ya me estoy por ir. No tengo más lugar en mi agenda para el día de hoy." "Doctor, por favor. Es que no doy más del dolor. Usted no entiende." "Bueno, a ver, pase al consultorio. La voy a revisar." Entré al consultorio. Y esperé a que cerrara la puerta. Me di vuelta, lo miré y le pregunté: "¿Me quito la ropa?" "No, María. No es momento. ¿A qué venís? ¿Qué estás buscando?" "Ya sabés lo que vengo a buscar. Te vengo a buscar a vos. ¿O es que no entendés que yo ya no puedo más así?" "María cortala, por favor. Ya dijimos que esto tenía que terminar." "Pero es que, Alberto, vos no entendés. Yo ya no puedo más. Yo te extraño. Yo quiero estar con vos. Mirá cómo me tenés." "Basta, María! Yo ya tengo esposa, ya me casé y ya hablamos de esto. No puedo estar con otra mujer, quiero a mi esposa." "Ay, por favor, Alberto. Los dos sabemos que ni vos la querés a ella ni ella te quiere a vos. Sabemos muy bien que estás con ella por la plata, porque tu clínica se funde. Déjame de joder. Los dos sabemos que me querés a mí... Además, no te pido que la dejes, simplemente te pido que me des bola a mí también. "María, no puedo. Por favor." Mientras le reclamaba para que me prestara atención, aproveché para ir desnudándome. Quería tentarlo bajo cualquier pretexto. Ese fin de semana había comprado lencería exclusivamente para él, ...
... del color que le gustaba: negro. Me bajé el vestido, un vestido divino que llevaba puesto. Un valentino tan apretado que marcaba hasta los poros de mi piel. Llevaba también unos zapatos bajos, los negros que me había regalado para Navidad y esperaba que con eso pudiera atraer su atención. Como decía, me bajé el vestido, me lo quité y debajo se veía un body de encaje negro con unas portaligas y unas medias. Él casi tartamudea al mirarme. Yo sabía que lo atraía, sabía que lo volvía loco, sabía que deseaba cada parte de mi cuerpo. Siempre lo deseó, siempre me quiso, desde aquella primera consulta a la que fui, por un dolor insignificante. Alberto fue pareja, fue amante, fue amigo, durante casi cinco años. Pero mi necesidad excesiva de atención lo cansaron y hoy estaba con otra mujer. Pero yo deseaba ardientemente que me poseyera de nuevo, una y otra y otra vez, como tantas veces ya lo había hecho. "Por favor, María, retírate de acá. Vestite, por favor, y andate." "Alberto, dale, si yo sé que vos querés y yo también quiero, ¿qué te detiene?" "María, por favor, andate. En serio, no puedo seguir con esto." Casi modelando, taconeando, me fui acercando. Apoyé mi mano con las uñas pintadas de rojo sobre su pecho, corrí su corbata, desprendí algunos botones y metí la mano. Sentí ese pecho que tanto anhelaba, sentí su corazón y sentí como su piel se erizaba. "Dale, Alberto, si yo sé que vos también querés, por favor." Agarré una de sus manos y la apoyé sobre ...