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Bonnie Parker
Fecha: 14/07/2024, Categorías: Grandes Relatos, Autor: LeslieUnik, Fuente: CuentoRelatos
... sólo con su presencia. Más aun cuando consiente de los atributos físicos que ella posee, no duda en vestir provocativamente para utilizarlos sin ningún escrúpulo consiguiendo la atención de uno o más chicos a su alrededor. El coquetear cuando mi novio no estaba presente; un viejo hábito que no desapareció automáticamente cuando colocaron un anillo en mi dedo. A tal grado que en varias ocasiones llegué a provocar, ‘inocentemente’, rencillas entre algunos chicos que se enfrascaban en una discusión por determinar quién tenía el derecho a acceder a la minúscula posibilidad de llevarme a la cama (o cualquier otro lugar donde se pueda tener intimidad). Y justo ahí es donde está el pequeño detalle en mi relación con Alberto, uno muy importante para ser precisos. Sobre todo si una, habiendo ya cumplido con la cuota 'mínima' de novios y amantes, tiende a caer en las siempre odiosas comparaciones. Ni Alberto ni yo éramos vírgenes cuando nos comprometimos en un noviazgo formal; por lo que me resulta imposible evitar recordar con algo más que nostalgia alguno de los chicos con los que había estado antes de él. Especialmente los más salvajes y rudos. Y aunque estaba plenamente consciente de los motivos por los que todas aquellas relaciones habían fracasado; de vez en cuando, con la ayuda de algún ‘sintético amante’, me atrapaba a mí misma añorando en la privacidad de mi alcoba la forma en que alguno de esos chicos me había hecho suya en todos los sentidos. Seamos claros, ...
... anatómicamente hablando no tenía ningún motivo por el cual quejarme de Alberto; ya que como lo he mencionado, él siempre ha sido un fanático del acondicionamiento físico y la vida sana. Lo cual no sólo le da una buena apariencia, sino también le permite prolongar el sexo por más tiempo. Y si a eso añadimos que la madre naturaleza había sido generosa con él, habiéndolo dotado con un miembro acorde a su ‘talla’, tenía motivos más que suficientes para sentirme agradecida de tenerlo a mi lado (o arriba o abajo). Sin embargo, el físico no siempre lo es todo. Y es que como olvidar aquellas desenfrenadas noches de verano en las que un amanecer me sorprendió en la playa, entregándome a algún pasajero amorío sin tener que preocuparme por la arena que se introducía en cada rincón de mi cuerpo o ser atrapada infraganti por algún madrugador bañista. O los días de campo en los que, embriagándome con algún amigo, terminábamos nadando desnudos en el lago a la luz de la luna. O las épicas ‘noches de chicas’, en las que vistiendo muy provocativamente salía a divertirme con mis amigas a algún bar o club; sólo para terminar compitiendo entre nosotras, por ver quien era capaz de seducir primero a un afortunado extraño en el cuarto de servicio antes de que la noche terminara. Casi siempre resultando yo como ganadora, obviamente. Si a Alberto le daba pena incluso cuando en el cine aparecía una escena con algo de ‘pornografía ligera’; el proponerle algo así de excitante como el sexo en un ...