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Bola ocho
Fecha: 04/11/2024, Categorías: Grandes Relatos, Autor: LeslieUnik, Fuente: CuentoRelatos
... sustancia blanquecina. A esas alturas eran imposible saber de quién provenía cada residuo de semen; la verdad a ninguno de los dos nos importaba terminar impregnados con el semen de otro hombre. —¡Oh mierda! —exclamé en voz alta, una vez que mi miembro penetró el esfínter de mi novia una vez más. —¡Ya cállense cabrones! —exclamó en voz alta del otro lado del muro de la habitación de junto. La necesidad por un mayor grado de comunicación, inherente en los tríos, al parecer había molestado a nuestros vecinos de habitación. Al ser yo un chico de complexión fornida y adicto al gimnasio no era el tipo de hombre de los que se dejaba amedrentar fácilmente; por lo que me dispuse a responder iracundo. —¡Ven a callarme, pendejo! —gritó Xavier molesto por la interrupción, anticipándose a mi enérgica respuesta. Un beneficio más de los tríos (ya había perdido la cuenta). Si mi físico podía ser intimidante para un posible agresor, contar con un chico igual de imponente que yo a mi lado debería ser un disuasivo extra que lo obligaría a pensarlo dos veces antes de buscarnos pelea. Dentro de los consejos que Xavier nos había dado para realizar nuestro primer trío estaba el de ser amable; pero esto no se extendía a las otras habitaciones. Sólo el tiempo diría si nuestro vecino había aceptado nuestra ‘disculpa’ o sería necesario irse a los puños. De cualquier forma, esa noche yo me sentía como un verdadero campeón. Sin embargo, Xavier tuvo una idea mejor; en lugar de ...
... liarnos a golpes con un desconocido, compensar a quien sintiera que nuestra actividad sexual se estaba tornando molesta. ¿Cómo haríamos esto? ¡Montando un teatro erótico! —Permítanme un par de minutos —dijo Xavier disculpándose por detener sus embestidas sobre el cuerpo de mi novia para ir a correr la cortina de la única ventana, de tal manera que permitiera a cualquiera del otro lado de ésta tener una vista al interior de la habitación. ¡Ni en un millón de años, se me hubiese ocurrido a mí semejante idea! Si algún impertinente se atrevía a venir a nuestra puerta buscando problemas, se llevaría una agradable sorpresa, pues podría ver en primera fila como mi novia era sodomizada salvajemente. “Haz el amor, no la guerra”, esa frase nunca sería más cierta en mi vida. Imposible saber cuántos visitantes llegaron hasta nuestra ventana esa noche; la contraluz no permitía distinguir su rostro. Sólo las risas de los fugaces espectadores y las ‘felicitaciones’ (insultos), de los nuevos admiradores de mi novia, nos permitían tener una vaga idea. Quizás se trataba sólo de una persona, posiblemente el recepcionista, que viniera a averiguar la causa de las quejas de nuestros vecinos; regresando en repetidas ocasiones a satisfacer su morbo después de la ‘invitación’ de mi novia al momento de registrarnos. La verdad no puse atención. Después de un par de horas de sexo salvaje, terminamos rendidos durmiendo los tres desnudos en la pequeña cama matrimonial; con los cuerpos impregnados ...