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Bola ocho
Fecha: 04/11/2024, Categorías: Grandes Relatos, Autor: LeslieUnik, Fuente: CuentoRelatos
... les gusta sentirse menos que sus parejas, de lo cual no estaba del todo exento; pero si lograbas conducir todo ese entusiasmo a la intimidad el resultado era más que evidente. ¡Leslie era una ‘bomba’ en la cama! Y no hablo en sentido figurado al hacer referencia a la peligrosidad de mi novia en lo relacionado con el sexo, hablo en un sentido real en que mi integridad estaba en riesgo. Gracias a toda esa actividad física que practicaba, el cuerpo de mi novia no sólo era hermoso sino también muy flexible; por lo que Leslie no tenía reparos en que intentáramos alguna nueva posición durante el sexo, terminando yo frecuentemente con alguna contractura o desgarre muscular al intentar complacerla. Claro que todo este ‘suplicio’ tenía sus ventajas, pues Leslie solía premiarme con la fantasía sexual que yo le pidiera. Mi favorita: el sexo oral. Sé que puede parecer un cliché asociado con la mayoría de los hombres, sobre todos los mejores dotados, pero en mi caso era absolutamente verdad; en cuestiones de sexo prefería que me practicaran el sexo oral sobre cualquier otra variante que mi pareja actual pudiera realizar en la alcoba (o fuera de ella). Muy probablemente al tener un miembro tan grande era la única forma en que podía experimentar satisfacción sexual plena. O quizás se trataba sólo de un placer malsano, al ver como mi amante en turno batallaba al intentar introducirse todo mi miembro en su boca. Afortunadamente tenía una novia que no sólo era hermosa y sensual, sino ...
... también complaciente; por lo que no lo pensaba dos veces cuando le pedía que me lo practicara. Esa era una de las razones por la que creó que mi relación con Leslie progresó tan rápido. No era sólo que ambos nos sintiéramos atraídos el uno al otro gracias a nuestra apariencia física; sino que ambos procurábamos satisfacer las necesidades y fantasías sexuales del otro. Resultando yo casi siempre ganador en el balance final. Mi posición preferida era la pose de poder, obviamente. Ustedes saben, la clásica posición en que uno está de pie con las piernas abiertas por fuera de la línea de los hombros; con las manos en la cadera a semejanza de un antiguo dios del Olimpo que demanda reverencia. Y bajo mis ojos mi hermosa y sumisa súbdita, mi novia, de rodillas frente a mí prendida de mi enorme y glorioso apéndice inferior como si se tratase de un grifo del cual bebiera refrescante agua hasta saciar su sed. ¡Eso era el cielo para mí! Era tanto el esmero de Leslie por complacerme con sexo oral, que incluso llegamos a idear algunas variantes de esa posición para poder hacerlo por más tiempo sin caer en la rutina. Lo cual se lo agradecía al llegar su turno de ser complacida sexualmente. Como he comentado gracias a mi apariencia física yo había tenido una buena cantidad de novias y amantes, incluso algunas más hermosas que Leslie, con las que había satisfecho mis necesidades lúdicas antes de conocerla. Pero aun cuando públicamente un hombre con mis características anatómicas ...