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¿TE GUSTA EL CHUTO, PUTITA? ¡TE DAREMOS POR ESE ORIFICIO PECAMINOSO HASTA LLENARTE DE LECHE BENDITA! Por putita trav
Fecha: 12/03/2025, Categorías: Fetichismo Gays Zoofilia Autor: JuanaLoca, Fuente: SexoSinTabues30
... tanguita que me protegía débilmente la entrada del hoyo del pecado nefando y procedía a meterme su chuto sin más lubricante que las gotas de premecum que se asomaban como perlas sagradas que bendecían la apertura al paraíso del placer marica que sentía cada vez que me ensartaban. Me sentía perla horadada por ese santo que exorcizaba al demonio acabando en mi culo. Después sacaba violentamente la pichula y me dejaba con en ano salido como una boquita de bebé que se apresuraba en lamer y besar con su lengua rasposa que sorbía su propia agua bendita. Mis gemidos y quejidos inundaban el ambiente en una sonata de suspiros celestiales mezclados con rugidos de la zampoña del macho cabrío que resonaba cada vez que su penca llegaba al fondo de hoyo abierto y palpitante que cobraba vida propia y me exigía ser saciado con chutos y mecos… El día a día y cada vez que volvía de la escuela, iba a la granja con el pretexto de ayudar a Ramón en sus tareas cotidianas. Por cierto, ese era el pretexto. Severino aprobaba mi actitud de laborioso y solidario muchachito. No sospechaba que mis intenciones eran del todo oscuras y para nada ingenuas. Aprendí a ordeñar, a desmalezar, a labrar la tierra, sembrar, cosechar y muchas cosas más, pero mi interés era la zoofilia y fui de a poco introduciendo el tema como mera curiosidad. Ramón fue un poco reticente al principio, pero después que le expliqué que era para una tarea del colegio por la profesora de ciencias naturales, se sintió halagado ...
... y un poco con actitud de maestro en el tema. -Primero, me dijo, te llevaré a ver como se aparean los animales. -Yaaaa. Dije entusiasta. – En la granja vecina hay un potro que cubre a las yeguas que le llevan los dueños. -Ah, me gustaría ver eso. Llegamos al fondo de la granja y me hizo subir a la pirca que separaba ambas propiedades. Desde allí se divisaba la caballeriza en que descansaba el potro. Su alzada era imponente y su pelaje negro azabache con manchas blancas que le daban aspecto de los caballos de películas de cow-boys. Me imaginaba el caballo de Cochise, mi héroe de ese tiempo. El potro se alborotó y empezó a trotar y saltar mientras emitía roncos relinchos y bufidos. -Algo pasa. Dije yo. .Deben traer a una yegua para cruzarla. Por eso el potro se alborotó. Efectivamente, el mozo de cuadra de la granja vecina venía cn una hermosa yegua alazana que dejó libre en el potrero. El potro relinchó, se alzó en sus cuartos traseros y levantó los delanteros rasgando el aire. Se acercó galopando a la yegua que sumisa se quedó quieta, aunque se veía algo nerviosa. Levantó la cola que había sido amarrada para evitar que interfiriera en el coito que se avecinaba y largó chorros de cristalina orina. El potro de acercó a sumergirse en la vagina y absorbió esos zumos que le excitaban al punto de que su verga golpeaba su abdomen de lo tiesa que estaba. Acto seguido, se montó en el lomo de la hembra y apuntó su larga verga a esa chorreante vagina que la ...