-
Puerta trasera
Fecha: 14/03/2025, Categorías: Grandes Relatos, Autor: LeslieUnik, Fuente: CuentoRelatos
... fracción de segundo sentí una extraña sensación en mi abdomen, como si algún intruso me estuviera haciéndome cosquillas por dentro. Era el semen de mi esposo que saliendo disparado como un potente chorro de fluido corporal chocaba con la pared de mi intestino, desatando un involuntario reflejo en mi interior. ¡Sublime! Nuevamente nos dejamos caer sobre la cama, uno a lado del otro, jadeando de placer. Mientras que, con la mirada borrosa, intentábamos seleccionar en el teléfono de mi esposo una nueva fotografía que compartir con sus amigos. —Enviemos ésta —decidí sin pensarlo mucho, un poco fastidiada. —De acuerdo —asintió mi esposo con la respiración entrecortada, enviándola inmediatamente. En lo que mi esposo colocaba nuevamente el teléfono en la mesa de su lado, yo me entregué completamente a fantasear en el impacto que ésta nueva imagen causaría en el esposo de Paty. ¿Entendería la indirecta? Me resultaba imposible dejar de pensar en él y su enorme miembro. “¡Cielos, como deseaba que Miguel ocupara el lugar de mi esposo en la cama y así conseguir probar la hipótesis de que 'el tamaño si importa'!”, pensé en mi interior antes de recordar un conocido refrán: “ten cuidado con lo que deseas, porque puede...”. Sin que lo estuviese yo esperando, el teléfono volvió a romper el silencio de la habitación; sólo que en esta ocasión no se trataba del teléfono de mi esposo, exigiendo ser atendido. No, esta vez se trataba de mi propio teléfono vibrando repetidamente ...
... sobre el taburete a lado mío; con dos mensajes urgentes de mis amigas Silvia y Paty; las cuales al parecer ya se habían enterado de lo que yo estaba realizando esa noche con mi esposo en el motel. “Te dije que te iba gustar”, fue el mensaje que me envió Silvia, jactándose de su gran sabiduría acerca del sexo anal. El otro mensaje, el de Paty, parecía más urgente. “¿Puedes hablar?”, era el mensaje que acababa de enviar mi amiga solicitándome que me comunicara con ella. Un escalofrío corrió por mi cuerpo una vez más sin una razón lógica pues sabía que Paty no podía haber leído mi mente toda esa noche; de igual manera esperando lo peor procedí a llamarla para salir de dudas. —Hola —saludé a mi amiga. —Hola, ¿cómo estás amiga? —saludó tontamente Paty riendo nerviosa. —¿Qué puede ser tan urgente? Sabes que estoy con mi esposo en el motel —pregunté curiosa con un tono de molestia. —Justo por eso te llamo —enfatizó ella. Conversando con Paty, pude darme cuenta de que, al parecer los amigos de mi esposo, no eran los únicos que estaban al tanto de mi vida sexual esa noche en especial. Tanto Juan como Miguel, habían cometido la indiscreción de compartir las privadas conversaciones y las íntimas imágenes con sus respectivas esposas (lo cual era de esperarse). Lo cual realmente no me sorprendió, pues yo deseaba permear en la psiquis de Miguel la posibilidad de practicar el sexo anal conmigo. El que los amigos de mi esposo se comportaran como 'unas auténticas viejas ...