Estudiante a tiempo completo, puta a tiempo parcial
Fecha: 30/03/2025,
Categorías:
Confesiones
Autor: El Manso Embravecido, Fuente: CuentoRelatos
En mi juventud, en mi etapa de punk errante, estuve una temporada en una pequeña ciudad universitaria. Allí llegué a entablar amistad con una chica estudiante de matemáticas. Es una carrera muy difícil, la chavala tenía mucho coco.
Se llamaba Esther y tenía 21 años. De complexión normal y de altura 1,65 m. Morena y de pelo muy largo y lacio. Con algún piercing que otro adornando su hermoso rostro.
Nos conocimos de marcha un sábado noche por la zona antigua, en uno de los pubs donde echan rock clásico. El caso es que se me acerca, me pide fuego, y comenzamos a romper el hielo. Esther iba muy mona aquel día. Botas camperas hasta la rodilla, minifalda vaquera y blusa con pronunciado escote.
Después de unas copas y varios bailes, la noche acabó con una buena sesión de sexo duro y guarro. Pero no es de esto de lo que quiero hablar hoy. Sino de lo que me contó ella, una vez que tuvimos confianza, de lo que hacía para sobrevivir y cubrir gastos.
Ella era desplazada y la beca que le otorgaban no le llegaba ni para satisfacer la mitad de lo que necesitaba para vivir con ciertas comodidades. Así que, decidió ejercer la prostitución de forma ocasional. Esther al ver que yo era un trotamundos y que no era natural de aquellas tierras, se abrió a contarme cosas que ni a sus amigas y compañeras de clase se atrevía a contar.
Durante un tiempo nos convertimos en amigos con derecho a roce. Pensar que yo gozaba de un cuerpo que otros debían pagar por catar me provocaba cierto ...
... morbo, y sobre todo me sentía muy afortunado. 30.000 pesetas de la época tenía que pagar el maromo de turno para disfrutar de los encantos de Esther durante una hora. Por menos tiempo y dinero ella ni se molestaba en bajarse las bragas. La verdad es que era toda una geisha y sus clientes quedaban tan encantados, que hasta le agasajaban con suculentas propinas.
Esther no tenía proxeneta ni chulo que la maleara. Ella ejercía en su propio piso compartido, se sentía más protegida. Casi nunca había nadie y en el caso de que así fuera, los pasaba como ligues ocasionales.
En una ocasión, en la que estábamos con el pitillo del post-folleteo, se animó a contarme una anécdota de cuando hubo una Convención de Dentistas en la ciudad y tres odontólogos contactaron con ella para follar los cuatro a un tiempo.
Esther tenía anuncios de contactos en varios periódicos y en ellos ponía un texto similar a este:
“Sofía, chica española de 21 años, alta y morena. Estudiante y casi virgen. Encuentros ocasionales. Tengo labios carnosos y pechos turgentes. Francés y griego natural. Busco hombres agradables y solventes. 30.000 ptas. una hora. Tl. xxxxxxxxx”.
Esther cita a los tres dentistas en su piso a una hora en la que sus compañeras están en el gimnasio (sería inadecuado presentárselos como ligues ocasionales), y se prepara para el encuentro. No quiere dar imagen de loba, prefiere utilizar poco maquillaje, vestir de forma recatada y aparentar ser una estudiante cándida y mojigata. Con ...