Estudiante a tiempo completo, puta a tiempo parcial
Fecha: 30/03/2025,
Categorías:
Confesiones
Autor: El Manso Embravecido, Fuente: CuentoRelatos
... este tipo de clientes de profesión liberal y tirando a conservadores, económicamente le rentaba más dar el pego de chica dócil. Las chicas demasiado agresivas les suelen inducir gatillazos.
Pero dejemos mejor que sea Esther la que en primera persona nos relate el encuentro.
La verdad es que los tres estaban de muy buen ver. Un poco estirados y sibaritas para mi gusto, pero para un polvo no estaban mal.
El caso es que nada más entrar en el apartamento comienzan a sobarme y a decirme lo buena que estoy. Nada nuevo para mis oídos. Ya sé que soy una diva.
Al pasar por caja para desembolsar las 90.000 ptas. correspondientes uno de ellos (el más alto y robusto), comienza a regatear:
–Si vas a estar con los tres una hora, ¿no deberías cobrarnos 30.000 ptas.? No creo que nos puedas dedicar de forma eficiente la atención debida a cada uno.
–Con la Diosa Venus no se regatea. Además, tranquilo, ninguno de los tres estará desasistido. Cada uno será servido sin esperar turno y sin perder tiempo. Con mi boca, coño o culo os tendré muy ocupados. Incluso con mis manos mantendría vuestros mástiles bien entretenidos. Además, el precio lo marca el número de maromos. El tiempo es un marcador secundario. No voy a cobrar lo mismo por follarme en una hora a un tío que por hacer un gang bang –le solté con cierto enojo.
Los otros dos lo comprendían y se sentían un poco molestos con el rata de su socio. Pero el avaro del grupo seguía refunfuñando “Aun así es mucho cobrar la tarifa ...
... máxima”, “Deberías de hacernos un pequeño descuento”, etc., etc. Yo decidí que a este maromo lo escogería como chivo expiatorio, víctima propicia, para con él practicar, utilizándolo como cebo, mis cochinadas despechadas.
Quisieron follarme de pie. Yo, entonces, me encaramé al más robusto. Mientras lo besaba y le comentaba que era un buen semental y que con él me sentiría bien cubierta, el hombre me la iba clavando en el chocho.
Por detrás se me acercó un segundo. Para ayudar al primero a mantenerme elevada en el aire me sujetaba por la espalda, mientras, me iba introduciendo por el trasero su pollón sin muchas delicadezas. Le daba igual si me dolía o no. En cuatro arremetidas me la calcó entera, chocando su pubis contra mis nalgas.
Así estuvieron un buen cacho de tiempo (ellos de pie sujetándome fuerte y follándome duro y yo como Santa Teresa, levitando). Sin posar los pies en el suelo me sentía en el Séptimo Cielo.
El tercero en discordia se había subido a una mesa para conseguir tener su polla a la altura de mi boca. Yo le pegaba lametazos y chupetones. Después le morreaba la boca al hombre que tenía enfrente para que saboreara, aunque fuera de forma indirecta, el rabo de su amigo. De forma alterna mamaba el rabo y después morreaba con furia a mi chivo expiatorio. ¡Ponía cara de no gustarle mi aliento al muy maricón! Jajaja.
A medida que se les iban cansando los brazos, la gravedad hacía mejor su trabajo al empalarme con más fuerza y en profundidad aquellos ...