1. Tarde de playa y un chico guapo


    Fecha: 28/11/2025, Categorías: Gays Autor: Doradinho, Fuente: CuentoRelatos

    Vivo cerca de las playas de las Rías Baixas gallegas, y me considero privilegiado por ello, por poder desplazarme cada tarde de verano a unos arenales tan maravillosos; si hay que ponerles una pega, será lo abarrotados que llegan a estar algunas tardes sobre todo del mes de agosto.
    
    Aun así, es una delicia contemplar desde la toalla o paseando por la orilla el desfile de cuerpos serranos que se prodigan últimamente por aquí. Se nota que hay mucho gimnasio y mucha preocupación por la estética, tanto en chicos como en chicas, aunque, claro está, yo me fijo más en los primeros. Hay tíos que quitan el hipo y de entre ellos, los peludos son mi perdición; jóvenes o maduros, en cuanto veo un pecho peludo y bien hecho se me van los ojos.
    
    En una de esas tardes en que me estaba dorando al sol, se situó cerca de mí un chico de unos 25 años, de 1,80 de estatura y un pendientito brillante en la oreja (tipo Beckham), pero lo que más me llamó la atención de él fue, claro está, un pecho completamente peludo, unas piernas de escándalo igualmente cubiertas de pelo y un bulto entre ellas que resultaba realmente atractivo, más si cabe teniendo en cuenta que llevaba un bañador tipo bóxer ceñido que le sentaba realmente bien. Desde que llegó no pude dejar de mirarle disimuladamente, aunque creo que en alguna ocasión me pilló deleitándome en su cuerpo.
    
    Cuando en un momento de la tarde sentí sed me acerqué al chiringuito para comprar un agua. Había dos colas de gente bastante desordenadas. ...
    ... De repente alguien dijo delante de mí: “esto serán dos colas o una”. Yo no soy muy ingenioso, pero se me ocurrió decir: “más que una cola parece una multitud”; el comentario hizo gracia y cuando se volvió la persona que había hablado antes descubrí que era mi vecino de toalla, el cual me sonrió abiertamente y comenzó a hablar conmigo sobre cualquier cosa: lo concurrida que estaba la playa, lo caro que era el chiringuito, etc.
    
    Fue así como me propuso tomar algo en la terracita que el local tenía montada en plena arena, y después de sentarnos y presentarnos estuvimos hablando bastante tiempo: él trabajaba en una empresa cercana pero sólo por las mañanas, lo cual le permitía acudir a la playa. Yo le dije que era funcionario y por eso también podía ir. Disfruté realmente de la conversación y noté como él me miraba sin demasiado disimulo: no he dicho que soy delgado, con un cuerpo bastante bonito y lampiño, al contrario que él.
    
    Cuando nos dimos cuenta se estaba haciendo tarde y decidimos ir a recoger nuestras cosas y marcharnos. “¿Por qué no vamos a tomar algo a otro sitio?”, me propuso, “pero me tendrás que llevar porque he venido andando, vivo muy cerca”. Yo acepté y nos dirigimos al coche. Pero luego cambió de idea:
    
    ―Lo he pensado mejor y te invito a cenar en mi apartamento.
    
    ―No sé si fiarme, dije, no parece que sepas cocinar.
    
    ―¿Y cómo crees que sobrevivo, si vivo solo? —me respondió.
    
    Efectivamente, vivía bastante cerca de la playa en un pequeño pero acogedor ...
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