1. Tarde de playa y un chico guapo


    Fecha: 28/11/2025, Categorías: Gays Autor: Doradinho, Fuente: CuentoRelatos

    ... apartamento, bien decorado y con unas vistas estupendas del mar.
    
    ―Si quieres puedes ducharte, me dijo, yo voy a hacerlo y ponerme una ropa cómoda. Puedo prestarte algo, aunque igual te va grande, jejeje.
    
    ―Buena idea, pero podemos ahorrar tiempo ducharnos juntos. –en ese momento, ya estaba convencido de que aquella noche haríamos algo más que cenar así que no dudé ni un momento en decir aquello.
    
    ―Perfecto –me respondió, y se acercó hasta mí diciendo: deja que te vaya sacando la ropa, que no te vas a duchar vestido, ¿no?
    
    No tenía mucho trabajo (llevaba sólo una camiseta y el bañador, igual que él) pero me desnudó lentamente mientras me besaba apasionadamente y recorría mi cuerpo con su boca y su lengua. Yo le saqué también su ropa y acaricié aquella delicia de pecho, besé, lamí, mordí sus pezones, que inmediatamente se endurecieron. ¡Dios, qué cuerpo, qué placer tenerlo en mis manos!
    
    Continuamos devorándonos mutuamente de camino al baño, nos enjabonamos, nos limpiamos el uno al otro durante un buen rato. Luego secó cada parte de mi cuerpo con gran delicadeza, yo le hice lo mismo a él y me tumbó en la cama del único dormitorio que tenía la casa. Seguimos acariciándonos, besándonos y, situado encima de mí, pude sentir todos los pelos de su cuerpo rozándose con el mío. Después fue bajando por mi pecho hasta alcanzar mi polla. La besó durante un rato y luego se la metió en la boca comenzando una maravillosa mamada como jamás había recibido de otro.
    
    Casi me corro ...
    ... al instante, así que tuve que hacer que parase. Decidí corresponderle y nos dimos la vuelta, quedando esta vez él debajo. Tenía una polla algo más grande que la mía, como de unos 17 centímetros y circuncidada, con un bonito y rosado glande que me apliqué en lamer y besar, para luego devorar con mi boca babeante.
    
    ―Quiero que me folles, le dije.
    
    ―A sus órdenes, respondió.
    
    Se incorporó y cogió de su mesilla un condón. Yo, mientras me acosté boca arriba para que él me levantase las piernas al tiempo que se arrodillaba para situar su miembro a la entrada de mi culito. Usó un poco de lubricante que había cogido de un cajón y por eso no le fue muy difícil meterme esos 17 maravillosos centímetros de placer. Ni siquiera me dolió la primera embestida así que no tuvo ningún problema para estar embistiéndome durante varios minutos, hasta que se corrió. Al mismo tiempo, me fue masturbando, primero lentamente, y cuando estaba llegando al final más rápido hasta que acabé casi al mismo tiempo que él, derramando mi semen en el pecho y la barriga.
    
    ―Vaya, qué lástima, dijo, ahora que estabas duchadito.
    
    Una sonrisa maliciosa que me soltó me hizo ver que aquello no constituía ningún problema, porque se inclinó sobre mí para limpiarme amorosamente con su lengua.
    
    Nos quedamos un rato abrazados, charlando y acariciándonos hasta que decidimos por fin preparar aquella cena. Por supuesto, hubo postre, y durante lo que quedó de verano fuimos juntos a la playa y disfrutamos de nuestros ...