1. Mi hija mayor parte 1.


    Fecha: 03/01/2026, Categorías: Hetero Incesto Sexo con Maduras Autor: Franco Maduro, Fuente: SexoSinTabues30

    Mucho lo pensé antes de escribir este relato, que es totalmente real. Cuando se tratan estos temas, salen muchas voces que disienten (y seguramente pueden tener algo de razón), pero en mi caso aprendí que mientras no exista daño a nadie ni se obligue a nada, todo está permitido en el sexo.
    
    Todo comenzó cuando yo tenía 17 años, y mi pareja de entonces (una chica de 23) quedó embarazada. Ella decidió tener al bebé sin obligarme a nada, porque yo era menor de edad. A pesar de mi inmadurez, yo quería sentirme papá y luego de un tiempo, cuando ya cumplí 18, mi hija (a la que llamaré María Isabel) comenzó a pasar un fin de semana por medio en mi casa. Mi madre, con quien yo vivía en ese entonces, la empezó a querer muchísimo, y la verdad, era hermoso tenerla cerca. Su mirada pura, inocente y llena de amor me encantaba y, siendo honesto, mi bebé era preciosa. Jugaba con ella, la llevaba a todas partes, y lo pasábamos genial. Así las cosas, mi hijita fue creciendo normalmente, y con mi madre hacíamos vida normal como familia con ella incluida.
    
    Y cuando digo «vida normal», en casa siempre fuimos muy abiertos a lo natural… mi madre se paseaba por la casa solamente con una tanga y sin nada más, dejando al aire unos senos no muy grandes pero muy turgentes, y ello nunca me significó deseo sexual por ella. Para mí, simplemente era lo natural. De hecho, a pesar de tener mi propia habitación, cuando yo era pequeño me iba a acostar con mi madre por las noches simplemente porque quería ...
    ... sentirla cerca. Pero eso se acabó cuando una mañana, cuando yo tenía unos 10 mas o menos, despertamos yo abrazándola desde atrás, con mi pene duro como roca y bien metido entre las nalgas de mi madre. Ella me despertó y me dijo «creo que ya es hora de que dejes de dormir con mamá»… yo no lo entendí en su momento, pero desde ese día no pasó de nuevo. Y ahora con María Isabel en casa, seguíamos igual… mi madre con su tanga y yo simplemente «en bolas». Entonces, mi hija nos veía siempre de esa forma y para ella también se fue haciendo «lo normal».
    
    Pero un día, cuando ella tenía unos 4 años, yo entré al baño a orinar y olvidé cerrar la puerta aunque yo quedaba de espaldas a la puerta. Justo acertó a pasar mi hija, y me pregunta:
    
    A pesar de que ella tenía perfectamente claras las diferencias anatómicas entre niños y niñas, y hombres y mujeres, supongo que igualmente su curiosidad fue mucha, y entró al baño y se puso a mi lado mientras yo orinaba. Y miraba atentamente mi pene, el chorro de orina, y la taza del baño. Supongo que recién había notado para lo que servía esa parte de mi cuerpo que ya había visto muchas veces, ahora muy de cerca.
    
    Yo quedé descolocado, pero mi madre ya me había dicho que si la sexualidad y sus diferencias se aceptaban y trataban de manera natural, mucho menos posibilidades habría de que la morbosidad apareciera a una edad temprana. De hecho, yo recordaba haber acariciado los pechos de mi madre cuando pequeño, sin que ella se escandalizara en lo ...
«123»