1. Mi hija mayor parte 1.


    Fecha: 03/01/2026, Categorías: Hetero Incesto Sexo con Maduras Autor: Franco Maduro, Fuente: SexoSinTabues30

    ... más mínimo… sólo se sonreía. Entonces, le dije:
    
    Una vez que terminé, me lavé el pene y lo sequé, y le dije que ya lo podía tocar. Ella primero tocó con un dedo, como para sopesar la consistencia o qué se yo, y luego lo tomaba y soltaba, y le daba pequeñas palmaditas.
    
    Claro, yo con 22 años en ese entonces, el toqueteo hizo efecto muy rápido, y mi verga empezó a crecer y a levantarse.
    
    Y cuando mi verga quedó toda erecta (no es muy larga, 17 cms, pero sí muy gruesa y cabezona), ella la miraba con los ojos muy atentos y asombrados, y la empezaba a apretar con más fuerza con las dos manos. Claro, la había visto muchas veces, pero nunca en esas condiciones.
    
    En un momento dado, con la excusa de que tenía que hacer popó, le dije que fuera con su abuela para poder cerrar el baño. Y claro, cuando ella se fue, cerré la puerta y me masturbé como 1 minuto nada más, y bastó para que mucha leche se fue directo a la taza del baño. Ese fue como el primer «hito», aunque no se repitió ni hablamos de ello.
    
    El segundo «hito» vino mucho después: teniendo ya mi hija 10 años, empezó a invitar amigas y amigos a casa, y hacían sus juegos y las niñas tenían sus conversaciones secretas. Y pasó que después de una de esas tardes de juegos, yo me acosté agotado y me dormí casi enseguida… debe haber sido madrugada ya porque estaba todo oscuro y sin ruidos en la calle incluso, cuando entre sueños siento que alguien tocaba mi verga pero de una manera como masturbándome, aunque sin mucha ...
    ... destreza. Abro un ojo cuidadosamente, y acostumbrándome a la oscuridad, con la luz del farol entrando por entre las cortinas de mi ventana, veo a mi hija en con camisoncito corto, sentada en mi cama y con mi pene en su mano, moviendo su manita hacia arriba y abajo. Cuando mi verga creció, ya su manita no abarcaba el grosor, así que empezó a usar las dos. Su carita indicaba que se estaba diviertiendo mucho, porque la veía sonreir, o a veces poner cara de ¿qué hago ahora? Por mi lado, no quise asustarla ni hacerla sentir culpable, así que el juego siguiera… y claro, vino el resultado inevitable. Un chorro de leche saltó lejos, y otros borbotones más siguieron. Entonces, mi hija soltó mi verga como asustada y escapó a su dormitorio. Yo me quedé pensando qué hacer, pero igual la paja y la terrible acabada me habían dejado agotado, así que el sueño me ganó rápido, y me volví a dormir.
    
    Esto se repitió cada noche, por espacio de unas 2 semanas. Ahí pensé que tendríamos que conversar, pero dudaba si hacerlo «en el momento» o cuando estuviéramos tranquilos. Opté por la primera opción, para que mi hija no pensara que la estaba regañando. Y llegó la noche, y cuando mi hija estaba en lo mejor de sus esfuerzos, hice como que me movía y despertaba con la sorpresa viéndola allí y jugando con mi verga.
    
    Mi preciosura se asustó muchísimo, pero la tranquilicé diciéndole que no pasaba nada, que todos teníamos esos períodos de curiosidad, pero que tenía que prometerme que nunca nadie podría saber ...