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Mi profesor Don Manuel 3ª parte
Fecha: 15/01/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Tiliref, Fuente: TodoRelatos
Estaba ya finalizando el curso escolar y temía sepárame de Don Manuel los meses de verano. Gracias a sus clases particulares mis calificaciones habían mejorado notablemente. Mis padres estaban encantados con él. Mi padre, que apenas tenía trato conmigo, delegó su tutela en mi profesor y mi madre que era buena cocinera lo invitaba a casa con frecuencia a comer ya que sabía que Don Manuel le gustaba mucho comer y beber. Con el paso de los meses Don Manuel había engordado. Estaba hinchado a reventar. Su vientre grande redondo y duro. La ropa se tensaba pegándosele a la piel porque tenía las piernas y los brazos gruesos y musculados. No podía abrochar su rebeca debido a lo que le había crecido la barriga y continuamente con sus manos hacia por ocultar su vientre estirando la rebeca. Estaba acomplejado pienso que le daba vergüenza estar tan grueso. La verdad es que impresionaba. Era una fuerza de la naturaleza capaz de levantarme con un solo brazo y manejar mi cuerpo como si nada. Yo no pesaba mucho, era delgadito y lampiño con mi cabello castaño claro. Como era muy ambiguo podía pasar por chica. Siempre tenía aquel bulto hinchado que sobresalía redondo y enorme debajo de su gran barriga. La camisa la dejaba abierta unos cuantos botones y si mirabas bien podías ver las rosadas y grandes areolas en sus duras tetas y la cadena de oro colgando de su cuello. Cuanto más engordaba mejor amante era y por supuesto su polla entraba más gruesa cuando estaba encima de ...
... ella subiendo y bajando mi culo apoyándo mis manos en su barrigón. Cuanto más subía de peso más fuerte se le veía porque los kilogramos se repartían apretados en su cuerpo. Un día que vino a comer a casa le pedí que se pesara después del almuerzo. Él no quería pero yo insistí y lo hizo. 125 kilos marcó la aguja. Don Manuel era bajito alrededor de 1.68. Ustedes podrán pensar que estaba obeso pero no era así. Era corpulento. A mí me excitaba mucho verlo soltar un tremendo chorro de orina en el inodoro. Yo se la sacudía para que los restos de orina bajaran y cuando lo hacía sus grandes pelotas se movían al compás. Le colgaban mucho y se veían deshinchadas. Cuando terminaba de mear le pedía que se sentara en el wc. Casi siempre aceptaba que le bajara los pantalones y los calzoncillos antes de hacerlo. Con las piernas bien abiertas permitía que me sentara en su regazo y lo masturbara. A través de la abertura de la camisa mis labios alcanzaban a besar sus pezones. Se recostaba y cerraba los ojos imaginando supongo a una hembra mientas disfrutaba de los movimientos de mi mano en su gorda verga. Yo ingenuo pensaba que lo hacía para poder sentir mejor la masturbación. En aquella época creía que él me quería igual que yo a él. El era un hombre mayor y casado y poco a poco empecé a ser consciente de que me estaba utilizando para desahogar su apetito sexual. Las mujeres con las que trataba, sobre todo profesoras, sentían una mezcla de rechazo y lástima por su bruta ...