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Mi papi tiene una pistola
Fecha: 25/01/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Gays Hetero Autor: Escritornocturno, Fuente: SexoSinTabues30
... intestinos, creo que le gusta golpearme siempre por dentro. Durante el juego, papá me mira como el lobo del cuento de Caperucita. No como los lobos de los dibujos, no… como uno real, con el hambre en los ojos, con ese brillo gris y muerto que busca algo que desgarrar. Me observa como si yo fuera algo que todavía respira pero ya está muerto. A veces creo que a mi nuevo papá le gusta la sangre. No lo dice, pero lo noto en su sonrisa torcida cuando lo rojo sale, cuando me duele y tiemblo. Una vez sangré mucho en sus juegos, pero bastó para que él se pusiera contento, como si hubiera ganado. Me limpió con un trapo sucio que olía a cocina vieja y a algo más, y me dijo que no hiciera tanto escándalo, que era solo una parte del juego. Yo no tenía capa roja como la del cuento… pero tenía lo rojo. Lo rojo saliendo de mí. Lo rojo manchando mi ropa interior, mis sábanas, mis sueños. Papá olía como el lobo también. A humo, a bebida, a algo que quema por dentro y hace que todo lo que toca se ensucie. Papá tomó su pistola de carne y empujó más duro dentro de mí. Me besó, nunca lo hace cuando estoy con mamá pero cuando jugamos siempre me besa en los labios. No podía evitar sentirme embriagado con la situación, aunque sangraba, aunque dolía… sentía que cuando jugábamos era la única vez en el día que papá si me quería. Papá sube la intensidad, no puedo evitar gemir de vez en cuando. Me tapa la boca para que mis quejidos no se escuchen en la vecindad. La pistola de ...
... papá dispara, caliente, húmedo, lo blanco se mezcla con lo rojo. Desenfunda su pistola de mí. Su pistola pierde tamaño, pero ahora sé que ya fue usada por que tiene sangre, mi sangre. Después del juego, cuando al fin me deja volver a mi habitación, me abrazo fuerte a Roberto. Lo apachurro contra mí aunque su relleno ya no es suave, y una costura vieja le raspa la mejilla. Roberto me susurra cosas. No con palabras normales, sino con esa voz que se mete por los oídos aunque no haga ruido. Me dice que lo va a hacer pagar. Que hará que papá grite como me hace gritar a mí. Que no se ha olvidado de lo que le hizo: abrirle el vientre con las tijeras de mamá, dejarlo vacío y solo entre bolsas negras y cáscaras podridas. A veces no entiendo todo lo que Roberto dice, habla como si supiera más que yo. Asegura que papá también le hace cosas a mamá cuando ella llora en silencio en la ducha y se pone maquillaje en el cuello. Dice que papá la rompe poquito a poquito, igual que me rompió a mí. Yo no quiero que nadie se rompa más. Le dije a Roberto que la venganza no es buena. Que no arregla las cosas. Pero él solo me miró con sus botones desparejos, como si ya no le importara entender. Como si ya hubiera decidido. Por la mañana, Roberto me despertó con una risa bajita, como un susurro que raspa. Cuando abrí los ojos, lo primero que vi fue a papá en el suelo de mi habitación. Estaba torcido, con los brazos en ángulos extraños y la boca abierta como si aún quisiera gritar, ...