1. Malas elecciones II (Final)


    Fecha: 01/02/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Peter28, Fuente: TodoRelatos

    ... de trámite. Sabía que lo hacía porque creía que debía hacerlo. Me recosté en la camilla, las luces blancas me cegaron un momento. Una enfermera me colocó una vía en el brazo, me habló con suavidad, pero yo apenas la escuchaba. Lo último que recuerdo antes de dormirme fue pensar en Pablo, en cuando tenía ocho años y me traía flores arrancadas del parque.
    
    Desperté con un dolor sordo en el vientre. No era insoportable, pero sí constante, como una presión que me recordaba lo que había perdido. Una enfermera ajustó mi manta y me dio un analgésico. Jaime estaba sentado junto a la cama, con el móvil en la mano. Ni siquiera levantó la vista cuando abrí los ojos. Solo dijo: “Ya pasó, descansa.”
    
    Me quedé allí, escuchando los pasos en el pasillo, el pitido lejano de un monitor. El doctor entró, revisó la vía, y me explicó que todo había salido bien, que debía quedarme en observación al menos 24 horas por el sangrado. Le pregunté si podía irme antes, y él negó con la cabeza. Me recomendó reposo absoluto. Yo asentí, sintiendo un peso que no venía del cuerpo, sino del alma.
    
    Esa noche apenas dormí. Jaime se quedó conmigo hasta la mañana, pero hablaba poco. Cada vez que sonaba su teléfono, salía de la habitación para contestar. En uno de esos silencios, pensé en escribirle a Darío. No para contarle la verdad, sino para escucharlo, para oír su voz. Tomé el móvil y marqué. Contestó al tercer tono.
    
    —Estoy ocupado, no puedo hablar ahora.
    
    La línea se cortó. Me quedé con el ...
    ... teléfono en la mano, sintiendo cómo las lágrimas me subían a los ojos. No lloré delante de Jaime. Esperé a que saliera de nuevo para dejar que el llanto me rompiera por dentro. Algo no bien
    
    Y la tarde del día siguiente, el médico me dio el alta. Jaime quiso acompañarme al hotel, pero yo ya no lo soportaba cerca.
    
    —No hace falta. Vete a Madrid. No quiero verte —le dije sin mirarlo.
    
    Él intentó decir algo, pero le hice un gesto con la mano. No quería escuchar sus excusas ni sus promesas vacías.
    
    En el hotel, adopté la posición fetal en la cama, con las cortinas cerradas. El silencio era pesado, solo roto por el eco de mis pensamientos. Abrí el correo y escribí a la empresa mi renuncia. Motivos personales, quince días de pre aviso. No quise explicar más.
    
    Intenté llamar a Tere. No contestó. Mandé un mensaje a Pablo. Tampoco respondió. Algo en mi estómago se encogió. ¿Lo sabían? ¿Me estaban castigando con su silencio? Cerré los ojos y vi la mirada de mi hija en la última barbacoa, esa mezcla de distancia y frialdad. Sentí un escalofrío.
    
    El miedo se convirtió en pánico. Caminé por la habitación, sintiendo que el aire era espeso. Quería volver a Madrid, aunque mi cuerpo todavía estaba débil. Jaime me había dicho que descansara hasta el viernes, pero no podía. Llamé a la aerolínea, cambié mi vuelo para el jueves por la noche.
    
    Marqué el número de Darío. Esta vez contestó, pero su voz era tan neutra como el día que me dejó en el aeropuerto.
    
    —Cariño, terminaremos antes. ...
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