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Todos en el gimnasio vieron desnuda a mi mujer
Fecha: 23/02/2026, Categorías: Voyerismo Autor: Allucard, Fuente: CuentoRelatos
Tengo 39, un poco alto, moreno claro, cuerpo atlético. Mi mujer actual 34, piel clara, amplias caderas, culo delicioso y tetas pequeñas, pero con pezones rosados, buen rostro, una mujer muy atractiva, siempre con su coño rasurado. Desde que estaba en mis veintes me di cuenta que me gusta el exhibicionismo y me prendía mucho exhibir a mis parejas, con algunas lo confesé e incluso intenté que se desinhibieran un poco más, algunas accedían, otras no. Con mi mujer actual, ya tenemos 4 años de vivir juntos, 5 de ser pareja y aunque no se lo he dicho explícitamente, creo que empieza a sospecharlo. Ya con ese contexto, empiezo el relato, que solo de recordarlo me dan ganas de masturbarme. Esto sucedió hace 2 años aproximadamente, ambos nos inscribimos en un gimnasio que le quedaba a ella cerca del trabajo. Un gimnasio pequeño pero bonito, con todas las máquinas necesarias. Comenzamos a ir, yo porque siempre he sido de cuidar mi figura y ella, pese a que estaba muy bien y se mantenía, por acompañarme y tonificar su cuerpo, decidió inscribirse conmigo. Todo transcurrió normal al principio, yo le compré licras que marcaran bien su culo e incluso algunas con las que se le marcara su vulva, pero las que eran más reveladoras, ella solía usar camisas largas porque según ella “todo se le marcaba” y que no se sentía cómoda así. Cuando ya teníamos 1 mes, más o menos, ella estaba más entusiasmada, empezaba a sentirse y notar diferencias en su cuerpo, por lo que aproveché y le compré ...
... licras cortitas de estas de moda que resaltan los culos, se le veían exquisitas. A todo esto, ya ambos éramos conscientes de la cantidad de miradas que ella atraía con su cuerpo, al principio ella decía que le incomodaba un poco, pero yo siempre la animaba y le decía que en lugar de incomodarse o sentir pena, que debería de sentirse orgullosa porque si llamaba la atención, incluso de muchachos en forma, era porque de verdad estaba muy rica. Eso la tranquilizó y después de que le dije que no me molestaba, que por el contrario, me hacía sentir orgulloso, ella se soltó un poco más. El dueño del gimnasio, un tipo como de unos 52 años, era delgado y se notaba algo en forma, pero sin llegar a ser musculoso. Como ya teníamos 3 meses de estar yendo, ya lo tratábamos más y platicábamos a veces con él, él estaba recién terminando un curso o diplomado sobre nutrición y no sé qué más, entonces estaba en eso de querer vender productos y servicios de dietas personalizadas, de tanto insistirnos, terminó convenciendo a mi mujer, y fue gracias a eso que pasó algo que fue demasiado excitante para mí. Un miércoles fue cuando ya se terminaron de poner de acuerdo respecto al inicio de su nueva dieta, del control, medidas, peso, etc., todos los parámetros que él iba a necesitar para comenzar a trabajar en ella, en su “nueva mejor versión”. Quedaron para el viernes de esa semana, porque le dijo que él tendría más tiempo ese día. El viernes llegamos a las 5:30 de la tarde, la hora que ...