1. Entre páginas (II)


    Fecha: 24/02/2026, Categorías: Erotismo y Amor Autor: PlacerEscrito, Fuente: TodoRelatos

    Tomé su mano con firmeza, no había temblor en mis dedos, solo calor. Lo guié de nuevo hacia donde todo ardía, no con urgencia, sino con esa precisión suave de quien ya ha elegido.
    
    —No pares —le dije. Y lo vi, cómo se tensaban sus hombros, cómo esa frase le disparaba algo en el pecho.
    
    Pero no se movió.
    
    No como esperaba. Sus dedos se quedaron ahí, inmóviles, sintiendo mi pulso, mi humedad, mi decisión. Y entonces levantó la mirada.
    
    —Estás jugando, Claudia. Su voz sonaba diferente ahora, más baja, como si estuviéramos compartiendo un secreto antiguo.
    
    —¿Y tú no? —le respondí, sin pestañear.
    
    Una sonrisa lenta, casi peligrosa, se dibujó en sus labios. Retiró la mano muy despacio, dejando una estela de vacío sobre mi piel que me hizo estremecer más que cualquier caricia. Se llevó esos mismos dedos a los labios. Los besó, cerró los ojos...
    
    Y luego, me dio la espalda.
    
    Durante un segundo pensé que se iba. Que me había dejado ahí, ardiendo, con la piel en suspenso. Pero no, solo fue hasta la puerta. Giró el cartel de“Abierto” al lado que decía“Cerrado” y volvió. Sin decir palabra. Sin tocarme.
    
    Pasó junto a mí y se detuvo tan cerca que sentí su respiración en la nuca.
    
    —No voy a hacerlo fácil —susurró, y cada palabra se hundía como tinta fresca bajo mi piel—. Quiero que me lo pidas. Que me lo escribas.
    
    Me giré lentamente hacia él, aún apoyada contra los libros viejos. Mis piernas algo temblorosas, mi blusa medio abierta, y el corazón completamente fuera ...
    ... de su estantería.
    
    —¿Y si lo hago? —le pregunté, bajando la voz.
    
    —Entonces... vendré a leerte cada noche. Página por página.
    
    Nos miramos, y en ese silencio se dijo todo. La tensión no bajó. Solo cambió de forma. Pasó del cuerpo a las palabras, del deseo al juego. Un juego que acababa de empezar...
    
    Marcelo se inclinó y recogió un libro del suelo. Uno cualquiera, tal vez. Lo sostuvo unos segundos, abrió una página al azar y arrancó una hoja con calma quirúrgica.
    
    —Escribe ahí —dijo, extendiéndola hacia mí—. Lo que quieras. Pero sé clara, Claudia. Los finales abiertos no me interesan.
    
    Me lo dejó en la mano, y se fue. Así, sin tocarme más. Sin mirar atrás. La campanilla de la puerta sonó como un punto y aparte.
    
    Y yo me quedé allí, con la hoja en la mano, el cuerpo encendido… y un principio en la lengua.
    
    Volví a colocarme la blusa con dedos torpes, abrochando solo los botones imprescindibles. Mi cuerpo seguía vibrando, como si aún pudiera sentir sus manos. Pero más que eso, lo que me hervía por dentro era la forma en que se había marchado. Con una promesa velada. Con un reto.
    
    Me senté tras el mostrador, aún temblando un poco, y miré la hoja otra vez. Blanca, rugosa, arrancada con precisión. Vacía.
    
    Tenía mil palabras posibles en la cabeza, pero ninguna parecía suficiente. ¿Qué se escribe cuando lo que deseas no cabe en frases? ¿Cuando lo que quieres no se puede decir sin que tiemble el suelo?
    
    Tomé un bolígrafo.
    
    "No soy un prólogo apresurado ni una ...
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