1. 30€, donde empieza la entrega


    Fecha: 04/03/2026, Categorías: Control Mental, Autor: Kroven, Fuente: TodoRelatos

    Dedicado a mi querida esposa Angela.P.A.
    
    Era tarde, en mi mente adelantaba los acontecimientos, tú te habías vestido con esa lencería atrevida, tacones que resonaban en la acera, y una actitud mezcla de desafío y sumisión. Yo, sentado en el coche, te observaba mientras caminabas delante, jugando a ser mi mujer... pero también mi prostituta, mi mercancía, mi prisionera.
    
    Le propuse a mi mujer hacer algo especial esa noche. Angela me miró con esa mezcla de curiosidad y deseo que siempre aparece cuando sabe que tengo algo preparado. Sabía que tenía relación con nuestros juegos habituales, esos que solíamos hacer en casa, entre susurros, esposas y miradas cómplices.
    
    Pero esta vez sería diferente. Me acerqué lentamente, le tomé la barbilla con firmeza y, mirándola a los ojos, le dije en voz baja:
    
    —Te vas a poner la lencería roja, los tacones y el abrigo largo. Hoy sales a la calle… como si fueras mi puta. Y harás exactamente lo que te diga, sin preguntar. ¿Entendido?
    
    Quiero que pasees bajo las miradas lascivas de los hombres yeimagines lo que querrían hacerte por unos pocos euros.
    
    Ella no dijo nada, pero su respiración se aceleró. En su mirada, sorpresa y entrega se entrelazaban como tantas veces antes… solo que esta vez, más allá de la puerta.
    
    Cuando llegamos a la zona de marcha eran las 2 de la noche
    
    —Vas a salir sola —te dije con voz firme—. Vas a caminar por esta calle como si fueras mi puta y yo voy a seguirte desde el coche. Recuerda: aquí mando yo. No ...
    ... se te ocurra hablar con nadie sin mi permiso.
    
    Tu respiración se aceleró, pero asentiste, comprendiendo el juego, la tensión, el poder que yo tenía sobre ti.
    
    Saliste del coche y empezaste a andar, moviendo las caderas con intención, mirando al suelo y a los pocos transeúntes con una mezcla de descaro y vulnerabilidad. Yo te seguía en el coche, vigilante, atento a cada gesto.
    
    Sentías una mezcla intensa de emociones mientras caminabas por la calle bajo las miradas lascivas de los hombres que te evaluaban.
    
    Por un lado, el nerviosismo y la vulnerabilidad de ser observada de esa manera, una sensación de exposición que despertaba un temor controlado. Por otro, una chispa de excitación, un hormigueo interno provocado por la tensión del juego y la conciencia de su propio poder y deseo escondidos tras esa fachada.
    
    Cada mirada te hacía sentir protagonista de una escena secreta, donde la sumisión fingida se mezclaba con su voluntad y el consentimiento tácito de aquel juego de poder. En el fondo, sabías que esta experiencia intensificaba tu conexión conmigo y esa mezcla de miedo, deseo y complicidad te envolvía en una atmósfera cargada de adrenalina y entrega.
    
    Entonces, un hombre se acercó con una sonrisa lasciva. Te miró directamente, evaluando, y luego se volvió hacia mí. Tú buscaste mi mirada y esperaste mi respuesta.
    
    Asentí con la cabeza, sin decir palabra.
    
    Bajé del coche y me planté frente a vosotros.
    
    —¿Cuánto cobra por una mamada? Tengo el coche ahí mismo ...
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