1. 30€, donde empieza la entrega


    Fecha: 04/03/2026, Categorías: Control Mental, Autor: Kroven, Fuente: TodoRelatos

    ... su polla y te miró con impaciencia. Sentí el nerviosismo crecer en ti, cómo tu respiración se aceleraba y tus manos se apretaban, mientras tu mente luchaba con la mezcla de miedo y excitación.
    
    Cuando levantaste la mirada y me encontraste observándote desde la distancia, nuestros ojos se cruzaron, y supe que ese contacto silencioso te daba fuerza para seguir adelante.
    
    El hombre esperaba, y tú, con un temblor en el cuerpo, la sujetaste con una mano moviéndola lentamente arriba y abajo. El juego estaba en marcha, y cada segundo era un desafío para ti, un balance delicado entre la sumisión y el deseo verdadero.
    
    Desde la distancia, apoyado contra un coche, te observaba con atención, mi mirada fija en cada uno de tus movimientos. A unos diez metros, podía sentir el peso de la escena como si estuviera dentro, aunque no estuviera físicamente junto a vosotros.
    
    El hombre te miraba con impaciencia y deseo, pero tú sentías mucho más: el nerviosismo de la situación, la incertidumbre del momento, el miedo mezclado con una excitación profunda que crecía en tu cuerpo.
    
    Cuando el puso su mano en tu nuca para guiarte suavemente acia su polla, tu respiración se volvió más rápida y superficial. Tus manos temblaban levemente, la inseguridad intentaba dominarte, pero en ese instante, tú levantaste la mirada hacia mí.
    
    Nuestros ojos se encontraron, y en esa mirada firme, en ese contacto silencioso, encontraste la fuerza que necesitabas. El miedo se transformó en ...
    ... determinación.
    
    Con un temblor en el cuerpo, la rodeaste con tus labios y comenzaste a subir y bajar, sabiendo que yo te vigilaba y controlaba desde la distancia. Cada movimiento tuyo era un acto de entrega, y cada vez que alzabas la vista, mi presencia te recordaba que esto era nuestro juego, que nada podía salir mal mientras estuviéramos unidos.
    
    El hombre suspiraba con ganas, pero tú dominabas la escena, mezclando esa sensación de sumisión con la excitación real de ser observada y protegida a la vez.
    
    Yo sentía una mezcla de orgullo y deseo intenso al verte así, entregada, poderosa en tu vulnerabilidad.
    
    Dentro del coche, el silencio se volvió más denso. Él te miraba con deseo abierto, esperando que continuaras hasta el final. Tú seguias, nerviosa, sintiendo el calor subir de entre tus piernas por tu pecho , lentamente, con la mente dividida entre el miedo y el fuego que te quemaba por dentro.
    
    Sabías que yo estaba allí, apenas a unos metros, viendo cada movimiento. Esa vigilancia te excitaba y te intimidaba al mismo tiempo. Cada vez que levantabas los ojos, me encontrabas. Yo no decía nada, pero mi presencia era una orden silenciosa: sigue.
    
    El hombre no disimulaba su impaciencia, pero tú mantenías el ritmo, intentando tomar el control desde esa entrega aparente. Sentías su respiración agitada, su cuerpo tensarse, mientras tú, por dentro, eras un torbellino de emociones: la vergüenza, el pudor, y debajo de todo eso… el deseo crudo, potente, innegable.
    
    Yo observaba cómo te ...