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♓️ Piscis III
Fecha: 06/03/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Peter28, Fuente: TodoRelatos
Caída El regreso aquella noche fue en silencio. No hubo palabras, no hubo miradas. Daniel y Victoria viajaron en el mismo coche, pero parecía que los separaba un océano. La ciudad brillaba con sus luces de domingo, parejas caminaban tomadas de la mano, familias cenaban en terrazas iluminadas; sin embargo, para Daniel, todo era opaco. La imagen de Oliver alzando su copa de champán y sonriéndole con suficiencia lo perseguía sin tregua. Al llegar al apartamento, Victoria intentó sonreír, como si quisiera normalizar el momento. —¿Quieres un té? —preguntó, mientras se quitaba los zapatos. Daniel negó con la cabeza. —No. Quiero dormir. Ella asintió, y no insistió más. Esa noche no hubo caricias, ni palabras dulces. Solo el roce de las sábanas, frío, y el insomnio devorando los pensamientos de Daniel. Los días siguientes fueron peores. Daniel, incapaz de soportar el encierro de su mente, se refugiaba en la azotea del hospital. Desde allí, revisaba los paneles solares o los taques de oxígeno, fingiendo concentrarse en cálculos, cuando en realidad esperaba verla salir en el coche, como antes. Pero no la vio. Ni un solo mediodía. Ni una sola escapada sospechosa. La ausencia de movimientos, en lugar de darle calma, lo inquietaba más. Era como si ella hubiera cambiado de estrategia, como si hubiese anticipado sus sospechas. Una semana después, mientras cenaban en el apartamento, Victoria anunció sin levantar la vista: —La semana próxima tengo guardia ...
... de noche. Dijo sin alzar la voz —Está bien. Yo también andaré ocupado. Daniel masticó su comida sin sabor. En su interior, una voz le gritaba que algo estaba muy mal. La noche de la guardia llegó. Daniel cenó solo, preparó un plato sencillo y se acostó temprano. Pero el sueño se resistía. Había algo en su pecho que lo apretaba, una ansiedad imposible de aplacar. A medianoche, incapaz de seguir tumbado, se vistió y tomó su carnet del hospital. Se dijo a sí mismo que solo quería comprobar, que necesitaba una respuesta. Al entrar al edificio, las luces frías del pasillo lo envolvieron con su silencio habitual. Caminó entre salas y laboratorios, su corazón golpeando con fuerza. Al girar un pasillo, se topó de frente con Cloe. —¿Daniel? —preguntó ella, sorprendida—. ¿Qué haces aquí? Tu turno es de día, ¿no? Daniel tragó saliva. —Sí… pero… creo que Vicky me engaña. Los ojos de Cloe se abrieron con asombro. —¿Cómo? —Su ex volvió. Oliver. Cloe frunció el ceño, bajando la voz. —¿Oliver? Espera… creo que aún lo tengo en mis redes sociales. Sacó su teléfono y buscó con rapidez. Tras unos segundos, levantó la vista con un gesto serio. —Aquí está. Míralo. En la pantalla aparecía la confirmación brutal: una foto publicada esa misma noche, Oliver y Victoria cenando juntos. La descripción al pie era una daga en el pecho de Daniel: “Por los viejos tiempos.” El mundo se desmoronó en un instante. Cloe lo miró con compasión. —¿Qué vas ...