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♓️ Piscis III
Fecha: 06/03/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Peter28, Fuente: TodoRelatos
... buenas manos…” Daniel quiso gritar. Decirle que era una basura, que no quería verla nunca más. Pero sus labios ya no respondían. El telón negro lo envolvió por completo. Vio al pez Koi escondido en las rocas y se desvaneció. La sala de emergencias El reloj marcaba las 19:40 cuando la llamada de urgencia llegó al teléfono de Cloe Herrera.. Había salido de su turno hacía más de una hora, agotada, con la mochila colgando del hombro y la idea fija de descansar en casa. Pero cuando vio el nombre de Victoria en la pantalla, una punzada de duda le recorrió la espalda. Contestó, contra su instinto. —¿Sí? La voz de Victoria sonaba temblorosa, disfrazada de control. —Cloe… necesito un favor. Es Daniel. Apendicitis. Yo no puedo… me tiemblan las manos. Por favor, ven. Cloe se levantó en seco. Su corazón golpeó con violencia. Por un segundo pensó en negarse, en decirle que era su problema, que lo resolviera como debía. Pero la imagen de su querido Daniel, tirado en una camilla, retorciéndose de dolor, pudo más. —Voy en camino —respondió, cortante. Salió corriendo hacia la calle. El tráfico de un viernes en la hora pico era un muro infranqueable. Los coches se amontonaban como piezas de dominó inmóviles, las bocinas eran un coro irritante, y cada minuto parecía una eternidad. Condujo como pudo, zigzagueando entre carriles, insultando en silencio a los semáforos que parecían conspirar en su contra. Mientras tanto, en la sala de emergencias, Daniel ...
... empeoraba. El enfermero de guardia, un hombre corpulento de apellido Méndez, notó la palidez extrema en el rostro del paciente y el sudor frío empapando su frente. La presión arterial caía, y los espasmos abdominales eran más intensos. —No podemos esperar más, llamó a la doctora —dijo, dirigiéndose a Victoria—. El riesgo de ruptura es inminente. Ella titubeó al teléfono. —Unos minutos más… Cloe va en camino. —¡Unos minutos pueden ser graves! —replicó él, voy a intentar localizar a otro cirujano. Victoria no quería otro, sabía que si la hacía otra persona, podría tener problemas. Dejar un paciente en la sala de operaciones es algo muy grave. La tensión se cortaba como un cristal a punto de romperse. A las 20:40 exactas, Cloe entró al hospital con el rostro enrojecido por la carrera. No hubo tiempo de saludos ni explicaciones. Cuando llegó al quirófano, la confirmación fue brutal: el apéndice había estallado. Justo en ese momento Victoria llamó al enfermo. – Sí, la doctora Cloe está aquí. El diagnóstico cambió de inmediato: se rompió, peritonitis aguda. El quirófano se convirtió en un hervidero de manos enguantadas, bisturís, aspiradores y luces intensas. Cloe tomó el mando con una seguridad férrea, aunque por dentro ardía la rabia. Daniel estaba inconsciente, indefenso, y ella sabía —aunque aún no podía probarlo del todo— por qué habían perdido esos minutos decisivos. La operación fue compleja. Dos horas de operación más una hora de la limpieza interna ...