1. Betty, mi suegro me llena.


    Fecha: 09/03/2026, Categorías: Infidelidad Autor: ElMacho, Fuente: SexoSinTabues30

    Memo caminaba cansado por la calle, la espalda curvada por la jornada laboral que se alargaba cada vez más. El sol se escondía detrás de los edificios, dibujando sombras que se movían con la vida de la gente que se apresuraba a sus casas. Memo no era un hombre alto, ni particularmente atractivo, su rostro redondo y la barriguita que se le formaba por las comidas apuradas le daban un aire inofensivo. Sin embargo, su corazón latía con la emoción de la sorpresa que le guardaba el destino en la puerta de su hogar.
    
    Cuando abrió la puerta, un sonido desconocido lo recibió. No era el ruido habitual de la cocina, las voces de su esposa Betty y su hija, ni la tele a todo volumen. Eran gritos de placer, guturales y desesperados que resonaron en el pasillo. Sus pies se detuvieron instintivamente, la curiosidad y el miedo se apoderaron de él. «¿Qué coño pasa aquí?» se dijo en un susurro, con la boca seca y las manos sudorosas.
    
    Betty era una mujer gordita de piel clara y unas nalgas que hacían temblar la tierra al caminar. Su sonrisa era la luz de la vida de Memo, y su cariño, la gasolina que lo hacía levantarse cada mañana. Ella solía recibirlo con un beso y unas caricias, que le quitaba el cansancio y el mal humor del trabajo.
    
    Pero hoy, la escena que se presentó ante sus ojos era distinta. Betty no lo veía, no lo oía, y eso era lo que más le inquietaba. Estaba en el sofá, de espaldas a la puerta, jadeando y moviéndose con frenesí, sus nalgas gigantescas temblando al ritmo de ...
    ... un embate que no venía de su marido. Memo se acercó lentamente, sin saber qué pensar, sin querer creer lo que sus ojos veían.
    
    Y allí lo vio, su propio padre, Guillermo, un viejo de 65, follando a su esposa sin piedad. Memo se sentía traicionado, su pecho se apretaba y la rabia empezaba a crecer en su interior.
    
    «¿Por qué me haces esto, Betty?» Memo intentó articular, sin saber si era la ira o la humillación la que lo dominaba. Betty, sin dejar de moverse, sin perder un solo ritmo, se volvió a verlo, la cara roja y sudorosa. «¿No te gusta?» le dijo, su respiración agitada y su sonrisa picara. «Tu viejo sabe follar, Memo. Más que tú,» le respondió, sin dejar de moverse, sin dejar de sentir la verga de Guillermo en su interior.
    
    Memo se sentía inseguro, impotente. «¿Desde cuándo?» le gritó a su padre, que solo le dedicó una sonrisa despreciativa. «Desde que me la presentaste, mijo. Tu verga es un juguete para ella , la mía es la de un verdadero macho,» replicó Guillermo entre jadeos. Betty asintió, sus ojos brillando de placer, su culo abriéndose y cerrando alrededor de la polla que la llenaba por completo. «¿Ves, Memo? Tu papá sabe darle lo que le gusta a una hembra.»
    
    Memo no podía creer lo que veía, su vida se desmoronaba. Betty, su dulce Betty, era una puta que se deleitaba con la polla de su propio papá. La traición era demasiada, el ruido húmedo de la penetración, la visión de su progenitor desnudo, la humillación, todo era demasiado. Se dio la media vuelta y salió ...
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