1. Mi última cogida con Otavio


    Fecha: 20/03/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Daniella de BA, Fuente: CuentoRelatos

    Ya me había vuelto a Buenos Aires y me encontraba por escribir mis relatos de ese último viaje a Brasil, cuando mi jefe me informó que debíamos viajar nuevamente a Sao Luiz, noticia que me puso muy contenta pues me encontraría nuevamente con Otavio, ese morenazo que me hizo vibrar con su enorme morcilla.
    
    Llegamos al aeropuerto alrededor de las 4 de la mañana, y de allí al hotel. Me di una ducha porque debíamos ir a la empresa. Desde allí llamé a Otavio y quedé en que nos veríamos en mi hotel después de las 10 de la noche. No quise ir a ningún otro lado porque me encontraba muy cansada y, en realidad, yo sólo quería sexo.
    
    Al mediodía a mi jefe y a mí nos invitaron a almorzar. Fue un almuerzo con comidas típicas nordestina, con camarones en una salsa de buen sabor y picante, pero de ingredientes no identificables. A decir verdad, la comida no me cayó muy bien, pues como a la hora, me crujían las tripas y un poco más tarde, comenzaron los gases que pugnaban por salir a la atmósfera. Por suerte, los que se me escaparon eran inodoros, pero no por eso menos peligrosos.
    
    Durante una reunión, se me escapó un pedito, también inodoro, pero algo más consistente que los anteriores; se podrán imaginar cómo me ruboricé al darme cuenta que tenía algo líquido entre mis nalgas. Mi jefe me vio y me preguntó si me sentía mal; le contesté que necesitaba ir a tomar un poco de aire fresco porque me sentía mareada. Fui lo más rápido que pude al toilette, con las nalgas apretadas para que ...
    ... no me cayera nada más. Allí limpié lo que pude mi bombacha, la hice un bollo y la guardé en mi bolso.
    
    Como durante la tarde continuaron tanto los gases como la diarrea, al llegar al hotel, me crucé a una farmacia y compré unas pastillas para cortar la diarrea y así estar bien para recibir a Otavio.
    
    Me di una ducha y me puse encima una remera grande que suelo usar para dormir cuando hace mucho frío y nada más; me puse a leer un libro hasta que se hicieran las 10 de la noche.
    
    Cuando éste llegó a mi cuarto, nos fuimos derechitos a la cama. Inicié la sesión con una buena mamada de su pija negra… ¡cuánto la extrañé!… se notaba que a ella le gustaba mi boquita porque estaba bien durita y enseguida saboreé el presemen; cosa que me excitó más, y me llevó a chupársela con más ganas, pero cuidando que aún no acabara… teníamos tanto para hacer.
    
    Me acostó de espaldas en la cama y él se ocupó de mi concha; comenzó por besarme y morderme suavemente los labios y, cada tanto, lamerme más adentro. A medida que mi concha se humedecía más y más, la lengua de Otavio penetraba más loca en mi rosado agujero.
    
    Entonces él subió mis piernas por encima de sus hombros y me penetró como a mi me gusta: ¡hasta el fondo!… con sus bolas tocando mis labios vaginales me sentía llena, pero no satisfecha, recién empezábamos y quería más acción todavía.
    
    Otavio comenzó a bombear, su pistón retrocedía despacio hasta que casi salía su cabeza de mi concha y luego penetraba con fuerza… retroceso ...
«12»