1. Mi última cogida con Otavio


    Fecha: 20/03/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Daniella de BA, Fuente: CuentoRelatos

    ... suave, penetración fuerte y profunda… así me arrancaba espasmos de placer. Él me dio vuelta, me puso en cuatro patas y siguió cogiéndome a gusto; ambos disfrutábamos de la noche.
    
    Pero mis tripas me jugaban una mala pasada, volví a sentir sensaciones indeseables en ellas, le rogué a quien correspondiese que no pase nada, que todo siguiese así como estaba, que iba muy bien. Así con esos pensamientos, me vino un orgasmo vibrante, uno que deseé desde el momento en que pisé suelo brasileño y que esperaba fuese el primero de varios en esa noche.
    
    Otavio, viéndome así con mi culo al aire, no tuvo la mejor idea que cambiar de agujerito para bombear. Cuando sentí la punta de su pija en mi culo, le pedí que no lo hiciera, pero lo tomó como parte del juego; sin muchas vueltas y de la misma manera que había bombeado en mi concha, sentí su pedazo de carne que me entraba hasta que los huevos chocaron contra mis nalgas, abriendo mi esfínter para adaptarse a eso.
    
    Me seguí negando, quise retirarme, pero me sujetó con fuerza de las caderas; con cada penetración, yo sentía que junto con el placer que me daba tenerlo ahí, crecían dentro de mí, al mismo tiempo, como ganas imperiosas de defecar, ganas que aumentaban y disminuían según Otavio entraba o se retiraba.
    
    Yo así no podía disfrutar ...
    ... de la culeada; Otavio, sin conocer lo que me pasaba, seguía y seguía, hasta que finalmente eyaculó. Le pedí que aún saliera de dentro de mi culo, deseaba que se quedara un poco más hasta que se calmara esa pulsante necesidad de defecar; pero en vez de disminuir, crecieron hasta hacerse casi incontrolables, me lo quise sacar de encima para correr al baño, pero apenas sacó su pija de mi culo, con un espasmo que no era de placer precisamente, me salió un chorro de diarrea acuosa, que ensució la pija y las bolas de Otavio, el resto cayó de mi culo, goteó por los labios y se derramó en la sábana de la cama.
    
    Otavio me miró, primero con sorpresa, luego con asco y finalmente con enojo. Me trató de puta cerda y me dijo que no quería volverme a ver más; se limpió la mugre con la sábana, se vistió rápidamente y se marchó sin aceptar mis excusas, dejándome sola y roja de vergüenza en el chiquero que se había convertido la cama.
    
    Desde esa noche no quiso aceptar más mis llamadas a su celular. A la tarde siguiente, la cara de reprobación con que me miraba Vivianne –la chica que me presentó a Otavio– supe que él algo le había contado. Afortunadamente, volví pronto a Buenos Aires, ya que cada vez que me la encontraba en la empresa, recordaba lo que me había pasado y me moría de vergüenza. 
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