1. El origen del viaje


    Fecha: 22/03/2026, Categorías: Bisexuales Fetichismo Intercambios Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30

    ... apretaron. No respondía.
    
    Diego no se movía. Solo miraba.
    
    Danielle se puso de pie. Las manos le temblaban.
    
    Se quitó la camiseta despacio. Los pezones duros, al aire caliente.
    
    Luego bajó los pantaloncitos. No miró a nadie. Solo escuchaba su propio corazón.
    
    Se sentó desnuda junto a Lourdes. No se cubrió.
    
    Lourdes la miró como se mira algo valioso. Le apartó unmechón del rostro.
    
    —Te ves hermosa así.
    
    Danielle bajó la mirada.
    
    —¿Puedo tocarte? —preguntó Lourdes.
    
    Danielle asintió.
    
    Lourdes la tomó sin apuro.
    
    Recorrió sus hombros, bajó por los brazos, entrelazó sus dedos.
    
    Luego subió por el cuello, lo rodeó con la mano abierta. No apretaba. Solo sostenía.
    
    Danielle respiraba por la boca.
    
    Danielle echó la cabeza atrás. Ojos cerrados. Labios abiertos.
    
    Lourdes bajó por su pecho. Le acarició los pezones con la palma firme, jugando hasta verlos duros.
    
    Danielle jadeó. El aire ardía.
    
    Las manos bajaron al abdomen, luego a los muslos. Cuando tocaron su sexo —lampiño, expuesto—, no hubo preguntas.
    
    Lourdes la acarició con ritmo lento, sabio.
    
    Danielle se arqueó. El gemido le nació desde adentro.
    
    Diego estaba en la puerta. Se masturbaba. Pero era un eco lejano.
    
    La mano de Lourdes entró en ella. Uno, dos dedos.
    
    Danielle se abrió. Se sostuvo del borde de la cama.
    
    La otra mano buscó el muslo de Lourdes.
    
    Jadeaba. Temblaba.
    
    Abrió los ojos.
    
    Y lo vio.
    
    Diego estaba quieto, pero no sereno. Sus pies descalzos sobre el suelo ...
    ... tibio temblaban apenas, como si cada músculo se negara a obedecerle. Tenía la verga en la mano, húmeda, erecta, los dedos cerrados en torno a ella con fuerza, como si tratara de domar algo salvaje.
    
    El rostro, pálido. Los labios apretados. Las cejas fruncidas. Era un rostro en guerra: entre lo que sentía y lo que sabía que no debía sentir. Miraba a Danielle, a su hermanamenor, con un deseo animal que no podía ocultar, pero también con un horror callado que le reventaba en los ojos.
    
    Su pecho subía y bajaba rápido, como si estuviera corriendo sin moverse. Las venas del cuello marcadas, tensas. Se mordía el interior de lamejilla, con los dientes apretados, queriendo tragarse el impulso. Pero no podía. No podía.
    
    Cada gemido de Danielle le dolía. Le arrancaba algo. Pero también lo llamaba. Cada vez que ella jadeaba, él tragaba saliva con violencia, y su mano se cerraba más fuerte sobre sí mismo.
    
    No hablaba. No se atrevía. No podía irse. Y tampoco acercarse.
    
    Era un animal acorralado por sus propios deseos. Un hombre partido entre el instinto y el tabú. Y allí, a apenas unmetro de ella, Diego no era hermano, ni protector, ni testigo. Era solo un cuerpo que temblaba de hambre. Un cuerpo que estaba a punto de romperse.
    
    Danielle levantó la cabeza, jadeando, el cuello húmedo de sudor, el cabello pegado a la frente. Abrió los ojos, pesados de placer, y lo miró. Directo. Fijo. Como si lo viera por primera vez.
    
    Y no apartó la vista.
    
    Lourdes no se detenía. Sus dedos ...
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