1. El origen del viaje


    Fecha: 22/03/2026, Categorías: Bisexuales Fetichismo Intercambios Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30

    —Podríamos irnos —dijo de pronto, sin levantar la vista—. A donde sea. A donde la tía.
    
    Diego, sentado en el suelo con la espalda contra la pared, alzó una ceja. No respondió enseguida. No hablaba mucho últimamente. Desde la ruptura de sus padres, parecía haberse mudado al interior de su cuerpo, ese cuerpo grande, que llenaba cualquier habitación sin decir una palabra.
    
    —¿Con qué plata? —preguntó al fin, sin ganas.
    
    Danielle se encogió de hombros. Diego no miraba.
    
    Danielle estaba herida. No solo por la separación, sino por todos los cambios que estaban ocurriendo de un momento a otro por eso.
    
    —Ya están separados —murmuró ella, más para sí que para él.
    
    Él la miró entonces. Sus ojos eran claros.
    
    —La tía nos recibiría sin dudarlo —dijo.
    
    Danielle sonrió, insegura.
    
    —Si. Vámonos. Antes de que seme quiten las ganas.
    
    Fue así. Sin plan. Sin maletas hechas. Sin despedidas formales ni a su padre ni a su madre. Solo la sensación de que tal vez, por fin, podían dejar de fingir que todo estaba bien. Porque no lo estaba. Pero eso no significaba que no pudiera estarmejor en otra parte.
    
    Danielle tiene ocho añitos, la piel clara como las nubes, piernas largas que se cruzan con torpeza cuando está nerviosa. Su cabello negro cae como un velo sobre los hombros.
    
    Acaba de vivir la separación de sus padres. En un impulso quemezcla tristeza, rabia y ganas de desaparecer, acepta viajar con su hermano mayor, Diego al sur, a la frontera, donde vive su tía Lourdes. Lo ...
    ... que debería haber sido una escapada de verano se convierte en algo mucho más extraño y revelador.
    
    Diego ha elegido el silencio como refugio de su propia crisis. Y aunque Danielle intenta adaptarse a él, hacerse pequeña para no incomodarlo, pronto empezará a notar grietas en su forma de sentir. Grietas por donde se cuelan miradas inesperadas y algo que late más allá del miedo.
    
    El calor era distinto ahí. Más seco, más denso. Se pegaba. A la nuca, a las sienes, a los muslos que Danielle tenía cruzados mientras miraba por la ventana del carro. El polvo flotaba en el aire.
    
    Al fondo, el caserío se recortaba entre los matorrales bajos y una hilera de palmas dobladas por el viento. Dos perros flacos cruzaron la calle sin mirar. Una tienda con techo de zinc oxidado exhibía botellas de refresco en hielo derretido.
    
    Diego frenó en seco.
    
    Danielle tragó saliva. Llevaban horas sin hablar.
    
    —No digas nada —dijo él sin mirarla—. Hemos tomado lamejor decisión. Tal vez ellos también necesitan un tiempo sin nosotros
    
    Danielle asintió. Sintió el sudor correrle por la espalda. Su camiseta blanca se le pegaba al cuerpo y por un segundo pensó en cambiarse, pero no quería mostrarse incómoda. No frente a él. No después de todo.
    
    Una mujer de cabello canoso, trenzado hasta la cintura, salió al porche. Tenía la piel curtida y los ojos hundidos, pero su presencia era como una campana grave: se sentía sin necesidad de levantar la voz.
    
    —Lita —murmuró Danielle.
    
    —Tía —corrigió Diego, ...
«1234...8»