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El origen del viaje
Fecha: 22/03/2026, Categorías: Bisexuales Fetichismo Intercambios Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30
... como si necesitara recordarlo. A su lado, otra más baja, de rostro firme y brazos cruzados, las tetas grandes debajo de una blusa suelta. —Bájense, que el sol no espera —dijo la de la trenza. Danielle bajó. El calor la abrazó como un cuerpo entero. No el de Diego. Otro. Muchos. En el patio, unamesa con limonada tibia, pies descalzos sobre banquitos de madera, humo de cigarro entre bocas húmedas. Danielle bajó la vista y se sirvió más limonada. El sudor la hacía brillar, y su blusa pegada al torso marcaba más de lo que cubría. Algunas miradas se deslizaban sobre ella como dedos. —En la ciudad todo es presión —dijo Diego, rompiendo el aire. Danielle lo miró. Él tenía esa forma de hablar como si supiera. Como si ya hubiera tocado fondo. —Yo solo quiero estar con mi hermano —susurró. Lourdes la miró por primera vez. Lenta, desde los ojos hasta las caderas. —Entonces estás en buen lugar. Nadie dijo nada más. Pero algo en el aire cambió. Diego sonreía. Y cuando Diego sonreía, Danielle también lo hacía. Más tarde, la noche era espesa y caliente. En el patio trasero de la casa de la tía Lita, un ventilador apenas movía el aire. Diego estaba sentado en unamecedora vieja, con una botella de cerveza entre las piernas. Danielle se acercó con dos vasos de agua y se sentó en el suelo, frente a él, con las piernas cruzadas.—Te acompaño —dijo. Y el calor le marcaba los pezones bajo la blusa húmeda. Diego no respondió. —Siempre preferiste estar ...
... conmigo —murmuró ella, sonriendo sin saber si era burla o confesión. Él alzó la botella y la miró, como si pesara más por lo que no decía. Danielle sintió un temblor entre las piernas. Iba a hablar otra vez, pero entonces la tía Lita apareció en el umbral. Tenía una cerveza en la mano, y el cuello de la botella entre los labios. —Aquí no hay razones pa’ andar con la cabeza agachada —dijo mirando a Danielle. Lourdes apareció en la puerta, con un vaso de whisky y una camiseta que apenas cubría la curva de sus caderas. —¿Ya lo lloraste? —preguntó, sin suavidad. —No. Lourdes se sentó al otro extremo de la banca. Bebió un sorbo sin prisa. —Aquí no se llora mucho —dijo. Danielle la miró de reojo. Esa mujer tenía una belleza seca, como el clima. Como la sed. —¿Vives aquí con… Lita? —preguntó. Lourdes sonrió, torcido. —Ellame deja dormir aquí. Se inclinó hacia Danielle. El aliento a whisky le rozó los labios. —Pero tú no viniste a dormir, ¿cierto? Danielle tragó saliva. —¿Entonces… a qué vine? —susurró, sin poder mirarla a los ojos. —A que te enseñen. Lourdes rió, seca y bajita, como si la pregunta le diera ternura. El aire ardía, espeso. Danielle estaba en el borde de la banca. —¿Tienes sueño? —preguntó Lourdes. —No. El escote de Lourdes dejaba vermedio pecho, sin sostén. Su piel morena brillaba bajo la lámpara. —¿Me ayudas con esto? —levantó un frascometálico—. Es crema. Este calorme parte las piernas. Danielle ...