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Cosas que pasan en el transporte público
Fecha: 03/04/2026, Categorías: Hetero Autor: Alexia, Fuente: CuentoRelatos
Fue un día pesado, lleno de trabajo, personas que a diario uno debe tratar. Eso venía pensando camino a casa en el transporte público. Para terminar de irritarme el transporte venía atestado de personas, pensé: no puede ser, lo que me faltaba. Me quedé estacionada (como si no fuera poco) y volteo detrás, me encontré a un compañero de trabajo, no le di importancia él estaba impaciente por subir por lo que me pregunta: “¿subirás?”, yo le respondí: “pues si”. Abordamos el transporte con olor a humanidad, perfumes, sudor, solo deseaba llegar a casa, tomar un baño, relajarme y después lo que surgiera. El transporte iba al límite de su capacidad de pasajeros por lo que tenía que ir un poco apretada, creo que decir “poco” es algo mínimo a como me encontraba. El movimiento del transporte, la cercanía de las personas, en especial de mi compañero, provocaba el roce de nuestros cuerpos. Primero eran los movimientos del transporte, después fueron los de él, intencionalmente lo hacía; al principio me causó disgusto pero minutos después me gustaba esa sensación que empezaba a sentir. Él me comentaba del clima, cosas sin importancia, pero no ponía atención, iba concentrada a lo que sentía mi cuerpo; como no queriendo empecé a frotarme con él, él solo hablaba y yo “escuchaba”, me reía cuando no debía; creo que era obvia. El entendió el mensaje y al movimiento del transporte íbamos nosotros, ¿quién se daría cuenta?; nos acercamos más de lo que ya estábamos, él acercó sus ...
... labios a mi oreja y me susurró: “¿te gusta?”. Solo atiné a afirmar con la cabeza; me hizo otra pregunta: “¿tienes planes? si los tienes solo apártate un poco, si tu respuesta es negativa “¿quisieras continuar?”. Lo observé de reojo y le dije: “no los tengo y quiero continuar… ¿qué propones?”. Sonrío pícaramente y me respondió: “bueno pronto lo sabrás solo acompáñame”. Ese lapso y esos susurros de parte de él, me habían provocado una reacción fuera de lo normal, deseaba detener el tiempo y besarlo, tocarlo, entregarme a aquel desconocido pero a la vez conocido compañero, que ese día me daba como regalo, como una apreciación de que no todo era malo, que aún quedaban algunas horas para que el día terminara. Aún en el transporte me daba besos en el cuello, mordía mis orejas, abrazaba mi cintura, se pegaba y sobaba descaradamente su miembro en mi trasero; eso me estaba volviendo loca, no aguante y volteé y lo besé. Fue un beso tan profundo, lleno de deseo, locura, recorría hasta el último rincón de mi boca; ignoro el momento en que sucedió que empecé a masturbarlo, metí mi mano debajo de su pantalón, lo acariciaba y me di cuenta que ya estaba erecto desde minutos atrás, me sacó la mano y me la llevó hasta su pecho, le abrí unos botones y solo me dijo: “abróchalos cariño, pronto llegaremos”. Pensé: primero me provocas y después me dejas alborotada, imbécil. Casi llegando a la esquina me avisa: “bajaremos pronto, ven toma mi mano”; yo la tomé y lo seguí, bajamos y solo me ...