1. Dominando a mi vecino gordo 12


    Fecha: 05/04/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Ingridzs, Fuente: TodoRelatos

    Don Antonio a pesar de aquella apariencia formal que tenía, se había convertido en un semental que nos sexualizaba solo con su masculina presencia. Yo no podía evitar ponerme húmeda cuando le veía. A sus 66 años, no mas alto de 1.73 cm y con sus 125 kilos perfectamente repartidos gozaba de una apariencia vigorosa.
    
    No era un adonis por supuesto, ni falta que le hacía. A mi los chicos jovenes y guapos me parecían afeminados a su lado aunque no lo fueran porque era como comparar un toro de lidia con un becerrillo ya que la virilidad y el poderoso cuerpo de Don Antonio los ridiculizaba e intimidaba incluso siendo manso y tranquilo.
    
    Llamarlo manso no era del todo correcto ya que en los episodios sexuales que habíamos vivido con él, con su gran verga nos había perforado los coñitos y los culitos que nos dejaba doloridos sin apenas moverse del sofá.
    
    Éramos nosotras las que sin poder evitarlo usábamos su gruesa verga para obtener el placer que solo el podía brindarnos. Montábamos encima de su polla y mientras el permanecía sentado acariciandonos nosotras subíamos y bajábamos locas de placer y lo besábamos por todas partes.
    
    Mi hermana pequeña tenía orgasmos solo de besarlo en los labios sentada en su gruesa pierna acariciandole y besándole la gran barriga y las hinchadas tetas que sobresalían de su camisa y de la rebeca abiertas con sus pantalones y calzoncillos bajados a sus tobillos sin quitarse los zapatos.
    
    Don Antonio nunca mostraba miradas indiscretas, si se ...
    ... fijaba en nuestros escotes o nalgas lo hacía sin ser libidinoso o deseoso de sexo. Sabía muy bien que por su complexión robusta y hermosa eran las mujeres las que le demostraban interés, pero él no era vanidoso y tampoco era consciente de su potente atractivo, y eso era lo que le hacía aún más deseable.
    
    Siempre sucedía lo mismo en nuestras citas. Llegaba, se sentaba en el sofá y fumando me pedía que le sirviera whisky o vino y mientras miraba televisión nosotras nos desnudábamos y nos sentábamos cada una a su lado tocando y rozando su voluptuoso cuerpo.
    
    Entonces mi hermana pequeña y yo le abríamos la camisa y la rebeca de botones besando sus encarnados y gruesas mejillas.
    
    Él apenas sonreía, parecía casi avergonzado pero su gran polla dura revelaba su excitación. Nunca nos forzaba ni llevaba la iniciativa. Don Antonio disfrutaba más viéndonos gozar de su pollon y dejándonos montar encima de él
    
    Daba la impresión por su semblante que el sexo era algo natural y frecuentemente rutinario en su existencia, un trámite a cumplir, y como si estuviera trabajando nos follaba con impasibilidad.
    
    Yo empecé a darme cuenta de que mi hermana pequeña se había enamorado de Don Antonio. Lo manchaba copiosamente con sus flujos sin que ni siquiera se metería su gran polla en su panochita.
    
    En su casa su mujer mandaba. Él hacía todo como ella quería. Se notaba que Lucía lo había educado a su manera tanto que se ocupaba de comprar su ropa y lucirlo con aquella capa de barniz que había ...
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