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Aires cordilleranos
Fecha: 16/04/2026, Categorías: Hetero Autor: Epikuro, Fuente: CuentoRelatos
... brazos. Un bomboncito rico pensé. Tenía el presentimiento que algo bueno iba a pasar. – ¿y tus amigas? – pregunté sutil – Andan de caminata, por el monte del indio o una hueá parecida. Prácticamente hacíamos lo mismo. Dos grupos de amigos y su escape a la cordillera en un día de verano. Lo que hace todo el mundo, lo que hacemos todos cuando nos escapamos de la jaula del zoológico social. – Te puedo preguntar el nombre? – pregunté – Que caballero… Dayanna, ¿y el tuyo? Comenzamos a charlar mientras ella ordenaba su espacio; tazas, mochilas, platos sucios, tenedores, en realidad, eran puras fruslerías. – ¿Me convidas un poco de eso? – me preguntó Me fijé muy atento a sus ojos y estaban rojos, así que es muy probable que estuviera bajo el efecto de la mariajuana. – Claro – se lo pasé para que fumara – Que rico… ¿de qué es? – De uva – respondí. Ella aspiró y por un momento hubo un pequeño silencio. Aproveché para mirarla con su diminuto vestido veraniego. Ella hizo lo mismo, porque yo me encontraba con un short corto y camisa abierta. Totalmente entregado. Justo y preciso en ese momento supe que la linda silueta de la noche cordillerana era aquella mujer que tenía ante mis ojos. – ¿Eras tú cierto? – preguntó ella. No me anduve con tonteras de andar pidiendo que repita lo dicho, simplemente dije que sí. – Pero si todavía no te preguntó qué- me dijo sorprendida y a la vez que reía – replicó Dayanna. – Era yo, pero no te pude ver nada ...
... así que quédate tranquila – dije seguro. – No, si eso no me preocupa, solo que no quería quedar como una ordinaria que se va a miar el río. – Todo lo hemos alguna vez en la vida. Aparte era de noche, hay mucho río y solo es agüita que llega al mar. Reímos y me pasó el tabaco. Ella volvió a ordenar no se qué cosa y fue cuando se me entregó. Dayanna se agachó a recoger una taza y el vestido se elevó por su espalda. Y es en ese momento que Dayanna me regala una de las mejores sorpresas que me han dado en la vida, todo el encanto de mujer que me gusta, a poto pelao se ofrecía, abundante vello desprendía esa rajita que ya se humedecía. Hasta su aroma de las piernas percibí y como un rayo dentro de mi cuerpo pude sentir desde el estómago hasta mi pene el llamado a la acción. Ni siquiera lo pensé y me acerqué por detrás. Ella gimió. La perreé unos segundos y me bajé el short hasta la mitad de mis muslos. Salió mi pene erecto y se la metí de una con la vista al río. No lo podía creer. Apenas la conocía y ya me la estaba culeando. Una facilona pensaba como drogado en mi mente. De hecho, algo lo estaba. Así se la estuve metiendo muy lentamente por un rato. Ella con el culo empinado, piernas estiradas y manos en el piso me dice: – Estoy incomoda, vamos a la carpa y te saco la leche. Con un efecto retardado, reaccioné de una manera algo torpe. La nalgueé y le pedí que repitiera lo dicho. En la carpa Dayanna me quitó los shorts y de piernas quedé completamente desnudo. ...