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Atrapados en el ascensor 2: ahijada excitada
Fecha: 17/04/2026, Categorías: Incesto Autor: VickySG, Fuente: TodoRelatos
Sábado 2 de diciembre Ni siquiera los fines de semana me dejaban dormir. Si no era mi hija pequeña, lo hacía la mayor, pero siempre una de las dos me despertaba con cualquier excusa. Yo fingía no escucharlas, para seguir dando vueltas en la comodidad de mi cálida cama, pero como decía mi mujer, ese era el precio a pagar por haberme empeñado en tener no una, sino dos hijas. Hubo una época en la que madrugaba encantado para llevarlas a sus partidos de fútbol, pero ambas se pusieron de acuerdo en que ese deporte no les gustaba en absoluto. Para mí, que era representante de futbolistas, fue toda una decepción, pero pensé que al menos podría dormir a pierna suelta. Ese sábado en concreto, fue mi hija mayor la que se encargó de despertarme. - Papá, despierta. - ¿Qué quieres, Gominola? - Ya soy muy mayor para que me llames así. - Sí, eres ya una señora, estás al borde de la jubilación. - Dijiste que hoy iríamos a comprar los regalos de la peque. - Pero no dije que fuese a primera hora de la mañana, iremos esta tarde. - No puedo, he quedado con una amiga. - ¿Con qué permiso? - Con el de mamá. - ¡Culpable! - Dijo mi mujer mientras trataba de seguir durmiendo. - Gomi... Martina, quedan más de tres semanas para Navidad. - Sabes que me hace mucha ilusión. - Ríndete, Jonás, sabes que te va a derrotar. - Se burló mi mujer. - Eso, Jonás, ríndete. - Tú no puedes llamarme por mi nombre, enana. - ¿Vamos? - Está bien, pero vístete sin ...
... que tu hermana se despierte. - Claro, papi, sería una desconsideración despertarla tan pronto en sábado. - Verás cuando te des cuenta de que para ti no hay regalos. Esa jovencita pelirroja me traía loco desde el mismo día en que nació. Al igual que su hermana, que solo tenía seis años, sabía que podía hacer conmigo lo que quisiera y no dudaba en usar ese poder. Lo mismo me tocaba llevarla a sitios que tener que comprarle el último capricho, pero al menos ese día no buscaba algo para ella. El motivo por el que siempre cedía en todo lo que mis hijas me pedían era que yo mismo sabía lo que significaba no poder darle a un niño todo lo que necesitaba. Al contrario que ellas, yo tuve una infancia dura en la que no solo no teníamos regalos por Navidad, sino que, en ocasiones, ni siquiera teníamos para poder comer. La vida en el barrio no fue sencilla, pero me dio unos valores que conservaba aún de adulto. Por suerte, toda aquella miseria quedó atrás gracias a un golpe de suerte. Siempre me entusiasmó el fútbol, pero no tenía el talento suficiente para jugar, así que me conformé con ejercer de representante de mis amigos. No era un cargo serio, de hecho, nos lo tomábamos a broma, y aun así fui ascendiendo hasta llegar a lo más alto. Siempre procuré que el dinero no me hiciera olvidar de donde venía. Martina se había vestido a toda prisa y ya estaba en el coche esperándome mientras yo aún no había salido de la cama. Sabía que me lo haría pagar caro, pero hacía un frío ...