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El hijo no pudo evitar correrse pero a ella...
Fecha: 22/04/2026, Categorías: Incesto Autor: Zorro Blanco, Fuente: TodoRelatos
... daba culadas simulando un coito real aún le producían una turbación sin igual. Se preguntó qué habría pasado de tomar él iniciativa de penetrarla en ese momento y lo tuvo claro: ¡ella le hubiese dejado! Alarmada, trató de pensar en otra cosa, ¡era su hijo joder! Cómo se le ocurría algo así. Así que se aclaró con abundante agua caliente y salió de la ducha para secarse. Al salir del baño vio a Leo sentado en el salón, aún estaba desnudo. Y miraba por la ventana quizás con la mente en otra parte, como ella. Cuando apareció ella él la miró, envuelta en su toalla. —¿Ya has terminado mamá? —¡Oh claro, puedes ducharte tú también! —dijo ella. Entonces él se levantó y débilmente iluminado por la lámpara situada en una esquina de la estancia, pudo apreciar que su miembro aún seguía duro, ¡tremendamente duro! Este sutil detalle no pasó desapercibido para la madre que esquivó su mirada pues ella también se sentía avergonzada por mirarle. —Vale, pues voy a ducharme que yo también necesito una buena ducha —dijo Leo con una risita nerviosa. —¡Pues adelante! Yo ya he terminado —contestó ella tan cohibida como él. —¡Bien, pues voy a ducharme! —¡No, pero me visto y te la doy! ¿Vale? —¡Vale! —dijo Leo. Sintiéndose avergonzados, Carmen se giró y entró en su cuarto mientras Leo, desnudo como su madre le trajo a este mundo entró al cuarto de baño y pasó a la ducha, donde el agua también le refrescó y limpió su blanca piel y su dura erección. —¡Cariño, ...
... aquí tienes la toalla! —dijo su madre ofreciéndosela a través de la cortina de la ducha que tapaba el cuerpo desnudo de él. —¡Oh vale mamá! —dijo él cortando el agua y girándose levemente para cogerla. De nuevo su madre se quedó mirando su cuerpo fibroso y escultural. Ella se había puesto ya unas cómodas braguitas de algodón blanco y llevaba una camiseta del mismo color y material, debajo de esta sus pechos se marcaban con sus pezones puntiagudos amenazando con agujerear la tela. Leo tomó la toalla de sus manos y se cubrió al cintura. Su torso desnudo aún acumulaba las gotas de agua que no habían resbalado por su piel aún tras la ducha. Su cuerpo olía a gel y la madre aspiraba el sutil olor por su pituitaria embriagándose de la situación. —Bueno pues me voy a dormir cariño, ¡buenas noches! —¡Muy bien mamá yo también me voy a acostar! —replicó Leo. Todo parecía extraño, el tiempo parecía ir a cámara lenta y madre e hijo parecían no querer despedirse en aquella larga madrugada de sábado. ¡Ya casi eran las cinco de la mañana! Cuando Carmen entró en su cuarto sintió el vacío de repente, el silencio atronador de su habitación que antes era roto por gemidos del amor ahora aparecía vacío y un pitido en sus oídos alertaba a su cerebro del tal silencio y soledad. Se metió entre las sábanas y se regocijó en el abrazo que le dio a la almohada. Estaba satisfecha y pletórica, hasta sentía una pizca de añoranza por los calientes momentos que había disfrutado aquella ...