1. Antonio el camionero y la joven madre soltera (II)


    Fecha: 22/04/2026, Categorías: Hetero Sexo con Maduras Voyerismo Autor: AntonioSPA, Fuente: SexoSinTabues30

    ... acercó aún más, su nariz arrugada en un gesto sagaz.
    
    —Pero es muy grande —dijo, su voz llena de asombro—. Y tiene mucho pelo. ¿Por qué tiene tanto pelo?
    
    Antonio sintió un calor subir por su cuello. La inocencia de Clara lo descolocó, pero también despertó algo en él, algo primitivo y poderoso. Su polla palpitaba suavemente, como si respondiera con vida propia a la atención de la pequeña. Nunca había estado en una situación así, y menos con una cría de la edad de Clara. Intentó mantener la calma, recordando que ella era solo una niña inocente, sin malicia ni intencionalidad sexual en sus preguntas.
    
    —Es… Es normal —respondió, su voz más baja—. Los hombres tenemos pelo ahí.
    
    Clara asintió, como si eso explicara todo. Pero entonces, su mirada se fijó en los testículos de Antonio, que colgaban pesadamente bajo su pene.
    
    —¿Y esas bolas? —preguntó, señalándolas con el dedo—. ¿Para qué son?
    
    Antonio se sintió aún más incómodo, si eso era posible. Intentó terminar de orinar rápidamente, pero la presencia de Clara le había cortado la meada por completo. Se aclaró la garganta, buscando una respuesta que no fuera demasiado explícita.
    
    —Son… Son parte de… De cómo los hombres funcionamos —dijo, sintiéndose ridículo.
    
    Clara pareció satisfecha con la respuesta, pero entonces, algo cambió. Antonio notó que su pene comenzaba a engrosarse, reaccionando a la presencia de Clara de una manera que él no había anticipado. La niña lo notó también, sus ojos abriéndose de par en ...
    ... par.
    
    —¡Mira! —exclamó, su voz llena de asombro—. ¡Se está poniendo más grande! ¡Más gorda!
    
    Antonio sintió un escalofrío recorrer su espalda. La inocencia de Clara, su curiosidad natural, lo había excitado de una manera que no podía ignorar. Intentó apartarse, pero Clara se acercó más, extendiendo una mano pequeña hacia su pene.
    
    —¿Puedo tocarlo? —preguntó, su voz llena de curiosidad.
    
    Antonio la agarró de la muñeca antes de que pudiera hacer contacto, su corazón latiendo con fuerza. La miró a los ojos, viendo solo inocencia y curiosidad, pero también sintiendo el peso de la situación.
    
    —No, Clara —dijo con firmeza, aunque su voz temblaba ligeramente—. No debes tocar eso.
    
    La niña lo miró, confundida y un poco asustada por su tono. Sus labios temblaron, y Antonio temió que fuera a llorar. Para distraerla, movió las caderas, haciendo que su polla morcillona se balanceara suavemente de un lado a otro.
    
    —Mira —dijo, intentando sonar más amable—. Es como un columpio.
    
    Clara lo observó, sus ojos siguiendo el movimiento. Lentamente, su miedo se disipó, y una sonrisa se extendió por su rostro.
    
    —¡Es divertido! —exclamó, riendo suavemente.
    
    Antonio sonrió también, aliviado de que la situación no hubiera escalado.
    
    —¿Me dejarías montar en el columpio?
    
    El camionero bufó una risa. Clara, en su bendita inocencia, se preguntó a sí misma qué le había resultado tan gracioso de su petición.
    
    Antonio le dio la espalda para terminar de orinar rápidamente, abrochándose ...
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