1. Amigos en la fortuna. Novena parte


    Fecha: 23/04/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: MujerQueDesea, Fuente: TodoRelatos

    El WhatsApp apareció en la pantalla del móvil de Ana a las 11:48 de la mañana, justo cuando Isabel jugaba en el salón y Jandro estaba en su despacho.
    
    Lorenzo Jódar: Ana, necesito hablar contigo.
    
    Ana sintió un pinchazo en el estómago. No era el primer mensaje que recibía del comisario desde que fuera rescatada, pero sí el más directo, el más ineludible. Miró el texto durante casi un minuto antes de pulsar el botón de llamada.
    
    —¿Ana? —respondió él, con voz grave al primer tono.
    
    —Lorenzo… —dijo ella, bajando la voz para que su hija no oyera—. Tienes que dejar de mandarme mensajes. Ya se resolvió el caso. Estoy casada, tengo una hija, una vida. No puedes seguir así.
    
    Hubo un breve silencio al otro lado.
    
    —Lo sé —dijo él finalmente, con un deje contenido—. Pero no puedo evitarlo. Necesito hablar contigo en persona. No por lo que tú crees… o no solo por eso. Jacobo sigue suelto. Me preocupa tu seguridad.
    
    —¿Mi seguridad? —Ana suspiró, molesta—. Estoy bien. Jandro ha tomado medidas. No estás a cargo del caso desde hace más de un año.
    
    —No estoy a cargo oficialmente, pero sigo el asunto. Jacobo no es de los que olvidan, es peligroso y anda suelto. Me da igual lo que digan mis superiores. Si le pasa algo a tu hija o a ti, nunca me lo perdonaría.
    
    Ana guardó silencio. La mención de su hija le perturbó más de lo que quiso reconocer.
    
    —Escúchame, Lorenzo. Esto no puede seguir así. Tú y yo… no hay un “tú y yo”. Nunca lo hubo.
    
    —Pero me miraste —interrumpió él, ...
    ... con intensidad—. En el rescate. Cuando te abracé y te subieron a la ambulancia. Yo vi cómo me miraste, Ana. No puedes fingir que eso no pasó.
    
    Ana tragó saliva. Recordaba ese momento. El caos, el miedo, y la calma súbita de aquellos ojos grises que la protegían. Había sentido algo, sí. ¿Gratitud? ¿Atracción? ¿Confusión?
    
    —Fue un momento límite. Estaba en shock. No significó nada.
    
    —Para mí sí lo significó. Mucho. No he dejado de pensar en ti desde entonces. Y ahora... con ese premio de la lotería, con ese golpe de suerte que nadie esperaba, podríamos cambiar nuestras vidas. Podemos empezar de nuevo. Tú, yo… y la niña. Yo me jubilaría. Nos iríamos lejos. Nada de escondidas. Solo nosotros.
    
    —¿Estás loco? —Ana susurró, temblando entre la rabia y el miedo—. No te atrevas a usar a mi hija como argumento. ¡Estás cruzando una línea muy peligrosa!
    
    —Lo digo porque os quiero proteger, Ana. Porque te quiero. Y si no te importara en absoluto, no me estarías llamando ahora.
    
    —¡Te he llamado para poner fin a esto! —espetó ella, conteniendo las lágrimas—. Bórrame. No quiero más mensajes, más insinuaciones, ni más chantajes emocionales. Esta conversación no ha ocurrido. Y si me vuelves a escribir, lo sabrá Jandro. ¿Estamos claros?
    
    Un largo silencio. Después, la voz de Lorenzo bajó un tono.
    
    —Estás cometiendo un error, Ana. Y quizá Jandro no sea el hombre que piensas que es. Ha ido dando tumbos de mujer en mujer toda la vida.
    
    –¿Cómo te atreves…?
    
    Ella colgó.
    
    Se quedó ...
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