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Concierto de Navidad
Fecha: 28/04/2026, Categorías: Sexo en Grupo Autor: LucasDario, Fuente: TodoRelatos
No sabía muy bien qué hacía allí. Un año después del divorcio, con el corazón ya no roto pero aún sensible, y a tres días de Nochebuena, me encontraba sentado en mi butaca del Teatro Real de la ciudad. Segunda fila, pasillo izquierdo. Siempre el mismo sitio. Había algo de refugio en esa costumbre. Colaboraba desde hacía años con el departamento de comunicación de la Real Orquesta Sinfónica. Aunque ahora apenas participaba, seguían reservándome sitio para los conciertos de Navidad y verano. No sabía si por gratitud o porque nadie se había molestado en quitarme de la lista. Me daba igual. Estaba bien allí. Casi me sorprendía sentirme tan tranquilo. El teatro estaba precioso, como siempre en estas fechas. Luces ténues, decoración clásica, ese olor a madera y terciopelo que parecía no irse nunca. Me acomodé con tiempo y hojeé el programa. Villancicos europeos, alguna pieza clásica que reconocía, aunque no me sabía los nombres. A mi lado, dos abrigos femeninos ocupaban los asientos contiguos. Uno gris claro, con cuello de pelo. Otro de color burdeos. Buen gusto, materiales de calidad. Aún no había nadie sentado. No tardaron mucho. Llegaron juntas. Elegantes, con ese aire que tienen algunas personas de saber estar sin esforzarse. Una de ellas, morena, de ojos intensos y piel cálida, llevaba un vestido verde oscuro con un detalle metálico en el escote. La otra, rubia y de rasgos más fríos, vestía un conjunto azul oscuro. Se sentaron con una sonrisa discreta, un "buenas ...
... noches" casi al unísono. Les devolví el saludo con un gesto cálido. Empezó el concierto. Me sorprendí disfrutándolo. Me dejé llevar por la música, que por momentos me tocaba algo muy antiguo por dentro. A ratos, notaba los movimientos suaves de las mujeres a mi lado, sus respiraciones acompasadas, alguna mirada entre ellas, como si compartieran un código. Sabían de esto, eso era evidente. Pero no lo exhibían. Solo estaban ahí, presentes, disfrutando, como yo. En el descanso salí al vestíbulo con mi copa de cava. Ellas también estaban allí, junto a una de las columnas, charlando. Dudé unos segundos, pero algo en su lenguaje corporal me invitó a acercarme. —Muy bonito el concierto, ¿no? —comenté, buscando romper el hielo. —Mucho —dijo la morena, sonriendo—. No venía desde antes de la pandemia. Ya lo echaba de menos. —Nosotras veníamos siempre de adolescentes —añadió la rubia—. Era una costumbre familiar. —Ah, ¿sois de aquí? —Crecimos en Sevilla, pero no nacimos aquí —respondieron casi a la vez, riendo. —Yo soy Victoria, de México. —Y yo, Marija. Croacia. —Encantado. Soy Álvaro. Brindamos de manera informal, como si nos conociéramos de antes. Me contaron que sus padres habían sido diplomáticos destinados en Sevilla durante la Expo del 92. Que, por distintas razones, las familias habían decidido quedarse. Victoria habló de la violencia en su país, Marija de los años duros en los Balcanes. Lo contaban sin dramatismo, como quien ya ha digerido muchas ...