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Concierto de Navidad
Fecha: 28/04/2026, Categorías: Sexo en Grupo Autor: LucasDario, Fuente: TodoRelatos
... sincero. Victoria me miró con una sonrisa más suave ahora, menos efusiva. Marija bajó un poco la cabeza, como si guardara mis palabras con cuidado. —Eso también lo echamos de menos —dijo ella. Y por un momento, hubo un silencio compartido. De esos que no pesan, que no se llenan por obligación. Solo estábamos ahí. En una noche inesperada, en una mesa cálida, dejando que las palabras hicieran su trabajo. La conversación en el restaurante había bajado de intensidad, pero no de profundidad. Las risas seguían ahí, ahora más suaves, intercaladas con miradas que se sostenían un segundo más de lo habitual. La botella de vino iba por la mitad y afuera, tras el cristal, la calle seguía brillando bajo las farolas como si esperara algo también. Victoria apoyó el codo en la mesa, la mejilla en la mano, y me miró como si estuviéramos solos. Marija observaba en silencio, no apartada, sino presente de una forma que hacía más cálida la escena. —¿Sabes? —dijo Victoria, como si pensara en voz alta—. Hay noches que llegan sin avisar y cambian algo. No sabes qué es, pero ya no puedes volver exactamente al lugar donde estabas. Marija asintió, girando lentamente su copa entre los dedos. —Y no hace falta que cambien todo. Solo una grieta en la rutina. A veces eso basta para dejar entrar algo nuevo. Sentí que mis palabras vendrían con dificultad, como si temieran romper el equilibrio, pero aun así salieron. —Esta noche... me está haciendo bien. Gracias. Victoria no ...
... dijo nada. Solo estiró la mano y rozó la mía sobre la mesa, sin prisas. Marija nos miró a ambos con esa expresión suya, mezcla de ternura y aceptación. La cercanía era ahora evidente. No un gesto brusco, ni una declaración; solo esa sensación de que el aire entre nosotros se había vuelto cálido, denso, propicio para algo que aún no tenía nombre. Marija se inclinó ligeramente hacia la mesa. —El restaurante va a cerrar pronto. Pero no tengo ganas de que esta noche termine. Victoria sonrió sin soltar mi mano. —Podríamos caminar un poco. El centro está precioso con las luces. O subir a casa y poner un poco de música. La propuesta flotó en el aire. No era una invitación disfrazada, sino algo más simple y profundo: un deseo compartido de prolongar la noche, de seguir abriéndonos paso por esta nueva intimidad a tres voces. Asentí, sintiendo que la decisión ya estaba tomada mucho antes de que la formuláramos. Salimos del restaurante como si cruzáramos un umbral invisible. La calle estaba silenciosa, y nuestras sombras caminaban juntas sobre los adoquines. La noche, como había intuido Victoria, traía consigo algo distinto. Todavía no sabíamos qué. La conversación en el restaurante había bajado de intensidad, pero no de profundidad. Las risas seguían ahí, ahora más suaves, intercaladas con miradas que se sostenían un segundo más de lo habitual. La botella de vino iba por la mitad y afuera, tras el cristal, la calle seguía brillando bajo las farolas como si ...