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Gordas Capitulo 1
Fecha: 30/04/2026, Categorías: Dominación / BDSM, Hetero Incesto Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30
... frente al espejo, con la luz del atardecer tiñendo el cuarto de naranja suave, las tres sintieron que algo debería cambiar en ellas. Era como si el reflejo les hablara, como si ese espejo no solo les mostrara lo físico, sino también algo dentro de ellas que llevaba tiempo queriendo salir. “¿Deberíamos cambiar nuestra forma de ser?” preguntó Camila, acariciando el marco del espejo. “Como… dejar de ser tan inocentes. Aprovechar lo que tenemos.” Luna la miró, arqueando una ceja con una sonrisa traviesa. “¿Te refieres a…?” Sol soltó una risita nerviosa, bajando la voz. “A que ya no somos unas niñas tontas. Nosotras también tenemos poder. ¿No se dan cuenta lo que tenemos?” Por primera vez hablaron sin rodeos. Tocaron un tema que siempre flotaba entre murmullos y risitas: la virginidad. No como algo vergonzoso, sino como un símbolo. Una línea invisible entre lo que eran y lo que querían llegar a ser. Una decisión. Un despertar. “No se trata solo de hacerlo”, dijo Luna, más seria. “Sino de entender que no somos menos por no haberlo hecho… pero tampoco por querer hacerlo.” Camila asintió, mordiéndose el labio. “Yo quiero sentirme libre. Quiero entregarme, porque lo elijo yo. Porque me gusta, porque me siento segura. Porque soy yo la que manda.” Sol sonrió, levantándose y viéndose de nuevo en el espejo. “Entonces, cambiamos. Ser gorditas no es ser menos. Al contrario. Tenemos lo que muchas quieren… y aún no se atreven a mostrar.” Las tres se abrazaron sin ...
... decir más. No necesitaban palabras. Ese momento fue como un pacto silencioso: ya no esconderían sus deseos, su curiosidad, ni sus cuerpos. Eran las 6:30 p. m. El cielo, antes encendido por el sol, comenzaba a pintarse de azul profundo, y las primeras luces del vecindario tímidamente salpicaban las ventanas. Las tres sabían que era momento de volver a casa. Lo sentían en el estómago, como cuando uno despierta de un sueño intenso y aún tiene el corazón acelerado. A sus once años, Luna, Camila y Sol aún vivían bajo las reglas de casa, de horarios estrictos, de padres que llamaban desde la puerta si tardaban más de la cuenta. Pero algo en ellas se estaba moviendo. Ese día, más que nunca, sentían que ya no eran las mismas niñas que salieron en la tarde. “Ya van a empezar a llamarme,” murmuró Sol, abrochándose la mochila con movimientos lentos, como si no quisiera irse todavía. Camila miró por la ventana rota del ático. Las sombras de los árboles se estiraban por el suelo como si quisieran alcanzarlas. “¿Volvemos mañana?” “Claro,” respondió Luna. Salieron de la casona en silencio, bajando por las escaleras viejas que crujían con cada paso. Afuera, el aire era más fresco, con ese olor a tierra y leña que solo se siente al caer la tarde en los barrios humildes. Cruzaron la calle de tierra una junto a la otra, sin soltarse. Iban en fila, como siempre, pero algo había cambiado. Caminaban más derechas, con la barbilla en alto. No era arrogancia, era algo más suave: ...